Mitología creativa: artículos sobre Sherlock Holmes, el Capitán Nemo, Tarzán, Doc Savage, Cthulhu... y otros miembros de esa misma familia... por ALBERTO LÓPEZ AROCA.
Casa fundada el 27 de febrero de 2006
En esta bitácora he recuperado algunos de los articulos que publiqué en Ínsula, suplemento cultural del terrorífico diario albaceteño El Pueblo de Albacete. Dirigí y coordiné dicha separata (que no era tal, pues no iba encartada en el centro del periódico, sino cabalgada como cualquier otra página de la publicación madre) desde el 17 de febrero hasta el 7 de julio del año 2005, esto es, los primeros 21 números. Por allí desfilaron un montón de amigos (la lista es larga, y a todos estoy agradecido por su desinteresada colaboración) y muchísimos personajes que los amigos del presente espacio virtual conocen muy bien: Sherlock Holmes fue uno de los omnipresentes, ya fuera solo o en la compañía de SuperSerdo, El Coyote, Vito Corleone, Philip José Farmer, Jean Valjean, Toni Guiral, Robespierre, Harry Stephen Keeler, Batman, Sergio Bleda, el maestro Yoda, Charles Manson, Stephen King, el capitán John Carter (de Virginia y de Marte), Emilio el Moro, Juan Luis Cebrián, el comisario Maigret, Rasputín, Luis Cauqui, Hannibal Lecter (y también John "Hannibal" Smith), el Fantasma de la Ópera, Robert Crumb, Arsène Lupin, H.P. Lovecraft, Vicente Cifuentes, Alejandro Magno, Abraham Lincoln, Pandora (la de la caja), Eloy Cebrián, la princesa Turandot, Alan Moore, Peter Cushing, el profesor Jiménez del Oso, y muchos, muchos más.
Hubo muchos relatos, y conforme avanzaba la numeración, este "suplemento cultural" pasó a convertirse paulatinamente en un indefinible experimento literario donde era prácticamente imposible distinguir si lo que allí se contaba era ficción o realidad: Aún hoy me pregunto qué pensarían los lectores cuando, tras leer la enésima entrevista con el politicucho local de turno, las virtudes de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha (publi-reportajes disfrazados de noticias), o las nuevas noticias sobre los mangoneos de tal o cual empresario de panderetas, al volver la página se encontraran con una entrevista con el capitán Nemo, un titular a dos páginas que decía "JODER CON LAS PUTAS" (el titular a página sencilla "PELÍCULAS PORNO" tampoco estaba mal), una biografía del profesor Otto Lidenbrock (de Hamburgo), críticas de libros que no se podían comprar (porque no existían), el relato de un desconocido (y absolutamente ficticio) autor americano de los años 50, un test para comprobar si el lector era fan de Lina Morgan, o un reportaje donde se afirmaba sin tapujos (y sin dejar lugar a dudas) que Sherlock Holmes había atrapado a Jack el Destripador en 1888...
Bien, pues todo esto y una infinidad de disparates cada vez más retorcidos y rocambolescos es lo que nos dejaban hacer (inconscientemente, por supuesto) a mis amigos y a servidor.
Y aquí tienen las portadas de esa publicación donde la mitología creativa llegaba a los albaceteños del único modo en que puede llegar a un público amplio: A traición, de golpe y sin avisar.
Esta semana comenzamos con un interesante rescate, la adaptación de "Frankenstein" de Mary Shelley, en su primera versión cinematográfica, editada en 1910 por la Productora Edison (un caballero, este Edison, que ha dado pie a algunas obras mitográfico-creativas, sobre todo por su mafiosa relación con Nikola Tesla).
Yo mismo he traducito los carteles al castellano, y como siempre, Ricardo González, responsable del blog Cine Gárgola, ha realizado los subtítulos.
Además, os ofrecemos un micropastiche sherlockiano, donde se recoge una declaración nunca antes editada del inspector G. Lestrade, donde se aproxima a un caso que el doctor John Watson jamás se atrevió a mencionar... "La Aventura del Hombre Muy Alto" (de la que el doctor Conan Doyle, por cierto, sí que realizó un esbozo... aunque dudamos de que se trate del mismo asunto).
Que ustedes lo pasen bien.
EL CEREBRO CRIMINAL
Una reminiscencia del inspector Lestrade (1845-1928), de Scotland Yard
En versión castellana de Alberto López Aroca
Bien sabe el Buen Señor que no soy el más astuto de los hombres, pero eso no me convierte en el más crédulo. Quizás por ese motivo, mis superiores juzgan que soy un fiable servidor de la ley, un cumplidor agente de Scotland Yard y de la Corona, que jamás inventaría paparruchas e historias ridículas.
A veces he pensado que por ese mismo motivo, el señor Sherlock Holmes nunca ha hecho caso de mis sugerencias con respecto a su posible ingreso en el Cuerpo. Y puede que sea por ese mismo motivo, porque no soy un hombre de pensamientos largos, sino de acciones inmediatas y expeditivas, que me sorprendió tanto ver al señor Holmes arrebatarle su Webley al bueno del doctor Watson, y vaciar el tambor sobre aquella criatura que acabó por escaparse de nosotros mientras corría por encima de las tumbas.
El gusto de Sherlock Holmes tiende a las explicaciones insólitas y a los detalles novelescos, pero en lo que respecta a G. Lestrade, servidor público de todos ustedes, las historias de hadas y los crímenes improbables quedan fuera de la jurisdicción del Yard. Prefiero un buen motivo, un móvil plausible, y la indefectible respuesta a la básica pregunta de "¿quién se beneficia?", antes que un montón de mediciones absurdas, especulaciones sobre el comportamiento humano, y trucos baratos de salón.
Lo cual tampoco me permite negar la utilidad de los métodos del señor Holmes en el campo de la investigación criminal, y ya puestos, me hace reflexionar acerca de la verdadera destreza de Sherlock Holmes como tirador con armas de fuego.
Mandé un billete a Baker Street con una breve nota en la que requería la inmediata presencia del señor Holmes en mi oficina, y en un par de horas disfruté de la compañía del detective consultor y de su amigo, el doctor Watson. Allí, le expliqué a ese aficionado a la criminología que ya me había servido de ayuda en algunas otras ocasiones, los minúsculos detalles referentes a un oscuro asunto sobre el que ni yo ni mis compañeros habíamos logrado arrojar luz alguna: el joven inspector Stanley Hopkins afirmaba que las dos mujeres que habían sufrido mutilaciones de extremidades (el brazo derecho en uno de los casos, el izquierdo en otro caso distinto, unos días antes) estaban relacionados con algunas denuncias cursadas en las inmediaciones de cierto hospital londinense... Se trataba de una teoría que el inspector Gregson, y yo mismo, refutamos entre risas y, he de añadir, de manera bastante convincente.
No obstante, el señor Sherlock Holmes no consideró prudente descartar las fantásticas elucubraciones de Hopkins, y hube de acompañarlo cuando decidió interrogar a varios médicos del hospital. Al igual que yo, el doctor Watson se sintió escandalizado cuando su amigo sugirió que un miembro de la profesión hipocrática podría estar detrás de aquellos crímenes tan horribles y diversos, pero Holmes señaló con su habitual perspicacia de aficionado que en nuestros casos de profanaciones de tumbas, los cadáveres -a la sazón, mutilados- también pertenecían a miembros del sexo femenino.
Señalaré que durante nuestras pesquisas, que en verdad fueron muy breves, dimos con un joven estudiante de Medicina, cuyo apellido no mencionaré aquí, y que estaba en posesión de unos misteriosos diarios científicos escritos por un médico ginebrino, fechados en los últimos años de 1790.
Según diversas declaraciones, recogidas por agentes de Scotland Yard -y más tarde corroboradas por las investigaciones privadas del señor Holmes-, el aspirante a médico se había dejado ver en algunos lugares de mala reputación en compañía de un mendigo extremadamente alto y con el rostro cubierto por harapos, como si deseara ocultar alguna excepcional deformidad que permitiera identificarlo. Detuvimos y encerramos al estudiante, y aunque mis esfuerzos por arrancarle una confesión fueron grandes, hubo de ser el señor Holmes quien, a solas en la celda de nuestro prisionero, logró conseguir algunos datos que, como suele acostumbrar, no compartió con los legítimos representantes de la autoridad.
El detective fue el responsable del fiasco en el cementerio, aunque admito que su plan era excelente: tanto él como su amigo Watson se ocultaron en las proximidades de la tumba de una mujer recientemente ajusticiada, y yo mismo los acompañé en su escondrijo. Algunos de mis hombres, por indicación de Holmes, se hallaban apostados, vestidos de paisano, en las entradas y salidas del camposanto.
Y tal y como Sherlock Holmes había predicho, aquel gigante desgarbado apareció entre la niebla, recogió un pico y una pala escondidos en unos setos, y se dispuso a excavar en la tumba de la fallecida asesina.
Nadie podrá reprenderme por haber dado un aviso al profanador, que tenía derecho a rendirse ante la ley, y no obstante, el señor Holmes le arrebató el revólver a su amigo y disparó repetidas veces sobre la figura, antes de que yo pudiera reaccionar.
Asimismo, podría jurar, aunque no lo haré, que todos los disparos dieron en su blanco.
Y no obstante, con mis propios ojos vi cómo esa cosa salió huyendo, dando unos saltos imposibles entre las lápidas, y del mismo modo, pasó por encima del muro del cementerio para diluirse en las tinieblas de la noche.
Tres días después de estos sucesos, el señor Sherlock Holmes envió a mi despacho una nota en la que me instaba a "considerar el incendio del sótano de una casa de huéspedes en Whitechapel el día de ayer, con relación al asunto del frustrado doctor ________", lo que indicaba que detrás de la conflagración quizá hubiera estado el mismo Holmes. También me pedía que echara un vistazo al recorte de prensa que adjuntaba en el sobre: Se trataba un horario de entradas y salidas del puerto, donde el detective había subrayado el nombre de un carguero con destino a América.
La nota terminaba diciendo: "Nuestro hombre ha escapado. Al menos, parece que no volverá a reincidir en nuestro país, pero en cualquier caso, notificaré su existencia a mis contactos en los Estados Unidos".
Debajo de la firma de Sherlock Holmes, el detective había añadido una línea, escrita quizá con cierta premura, que decía:
"Bien pensado, aunque no hay duda de que se trate de un auténtico ‘cerebro criminal', quizá me haya extralimitado al denominarlo ‘hombre', ¿verdad, Lestrade?"
El joven estudiante, que nunca llegó a ser médico, fue puesto en libertad sin cargos y se marchó a vivir con su familia, fuera de Londres. Nunca le volví a mencionar al señor Sherlock Holmes este asunto, ni él me dijo nunca una sola palabra al respecto.
Y yo tuve que escribir un largo e inútil informe que aún conservo, y que en nada se parece a éste.
(Ilustraciones de Bernie Wrightson, otro Maestro, para Frankenstein y El Tonel de Amontillado)
Decir esto es cuando menos arriesgado, pues este autor confiesa su desconocimiento sobre la materia. Por eso mismo, sospechamos -aunque no lo sabemos con seguridad- que lo que aquí os ofrecemos hoy es, posiblemente, el primer cómic jamás realizado sobre Sherlock Holmes. (En cualquier caso, esperamos que los amigos de este blog nos iluminen al respecto).
Es una parodia en cuatro viñetas, con los textos no incluidos en bocadillos dentro de las viñetas, como se hace actualmente, sino al pie de las mismas. (Cosas de épocas pasadas, amigos). Se publicó originalmente en el número de marzo de 1903 de la revista norteamericana The Bookman, una publicación de crítica literaria que con frecuencia prestaba atención a la figura del Maestro, y en donde ya se hablaba de "sherlockians", como verán a continuación.
Hasta donde sabemos, nunca se ha reeditado... si bien es cierto que no disponemos del volumen definitivo sobre el tema de los cartoons y chistes gráficos sobre el Maestro en América, titulado Sherlock Holmes in America, una compilación de Bill Blackbeard (salvo que erremos en el nombre).
Esta página de John T. McCutcheon se incluía en la sección de Crónicas y Comentarios de The Bookman, y reproducimos también aquí las páginas anterior y posterior al cartoon (págs. 333 y 335), donde los redactores originales explican algunos detalles acerca de esta brevísima historieta.
Pueden ustedes guardar y leer este cartoon, en resolución más alta de la que ven aquí, sólo con pinchar sobre la imagen con el botón derecho del ratón, y elegir la opción "guardar como".
Por supuesto, aquí tienen ustedes también la traducción del texto introductorio de The Bookman, así como el texto en castellano de la página del señor McCutcheon.
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(Introducción en The Bookman, marzo de 1903, sección Crónicas y Comentarios)
Los señores A.C. McClurg y Compañía han publicado una interesante colección de cartoons del señor John T. McCutcheon, seleccionados de entre sus dibujos que aparecieron originalmente en el Record-Herald de Chicago. Al abrir el libro, que se titula Cartoons by McCutcheon, nuestra mirada se dirige instantáneamente sobre un cartoon, que reproducimos aquí, y el cual relata una pequeña transacción de un amigo nuestro con un miembro del Trust del Carbón. Al respecto sólo podemos decir que aunque Mr. McCutcheon muestra un cierto conocimiento de la materia, no es del todo un sherlockiano. De otro modo, el desconocido no habría sido presentado por el lacayo cadavérico que aquí aparece, sino que en su lugar nos podría haber dado una imagen del activo e indomable Billy. En cuanto a los otros cartoons, se incluyen varios que ya se han hecho famosos, tanto en este país como en Inglaterra. Los mejores de ellos tratan acerca de la visita del Príncipe Henry a los Estados Unidos, y a la imaginara visita del señor Pierpont Morgan al Rey Eduardo, comenzando con ese en el que Mr. Morgan está entrando a palacio para encontrarse con el Rey clavando frenéticamente su trono al suelo y poniendo estacas en el Koh-i-noor.
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(Texto en castellano del cartoon "Sherlock Holmes Analyzes a Perfect Stranger", de John T. McCutcheon)
SHERLOCK HOLMES ANALIZA A UN PERFECTO DESCONOCIDO
Viñeta 1:
Sherlock Holmes: "Ah, un desconocido al que nunca antes había visto".
Viñeta 2:
"¿Qué tal está, señor? Observo que pertenece usted al Trust del Carbón; también que ha escapado por los pelos; que no tiene hijos; que esta mañana tenía mucha prisa; que ha estado escribiendo, y que se ha afeitado con la mano izquierda esta mañana. ¿Se marcha usted en el tren de esta tarde o en el de esta noche?"
Viñeta 3:
"Pero, ¡esto es sencillamente maravilloso, señor Holmes! Todo lo que ha dicho es cierto. ¿Cómo ha podido averiguar todas estas cosas sobre un hombre del que jamás ha oído hablar?"
Viñeta 4:
"Por un sencillo proceso de deducción. Por sus manos, puedo decirle que está en un trust, y sé que es el Trust del Carbón por la hambrienta mirada que le ha echado a mi monedero que está ahí sobre la mesa, y por el hecho de que miraba con aprensión a su alrededor, como si estuviera esperando que alguien fuera a pegarle con un garrote. Sabía que había escapado por los pelos por el hecho de que tres ladrillos le han rozado, y el polvo de ladrillo está todavía en su abrigo. No tiene hijos, porque en ese caso usted tendría alguna consideración por las pobres gentes que sí tienen hijos. Sabía que tenía usted previsto salir de viaje porque entiendo que el gran jurado está reunido. También sabía que se había afeitado con la mano izquierda porque se ha cortado en la cara; y hay tinta en el dedo índice de su mano derecha, lo que muestra que estaba usted redactando una orden para subir el precio del carbón mientras se afeitaba con la mano izquierda. Usted tenía prisa porque sólo ha tenido tiempo para pulirse un zapato. Es todo muy sencillo".
NOTA DEL 22 DE FEBRERO:
Y como los amigos de este blog no descansan a la hora de colaborar, mejorar y completar estos comentarios, el compañero Luis Miguez nos ha enviado la página de McCutcheon ya rotulada, para evitar las incomodidades que os haya podido ocasionar este formato. ¡GRACIAS, LUIS!
ESTA SEMANA TENDREMOS EN "CUADERNO DE BITÁCORA DEL MATILDA BRIGGS":
-El "Segundo Especial Sherlock Holmes" del programa radiofónico El Maravilloso Mundo del Cine, con Jesús Jiménez, Alfonso Tornero y Alberto López Aroca (servidor de ustedes), así como la lectura dramatizada de la breve piececita El sofá de Sherlock Holmes. Ambos para descargar, por supuesto.
-La "Otra Nueva Película de Sherlock Holmes".
-Las Únicas palabras de William Gillette (¿?)
-Y más reseñas de Pastiches holmesianos en inglés...
Lo que os ofrecemos hoy en este Cuaderno de Bitácora del "Matilda Briggs" es una producción rusa de animación, realizada en el año 2005 por Alexander Bubnov, que ha seguido la estela dejada atrás por la famosa serie protagonizada por Vassili Livanov durante la década de los años de 1980: Los que han visto el trabajo del actor ruso aseguran que se trata de una de las mejores aproximaciones a la figura del señor Sherlock Holmes de Baker Street, y también a los textos originales del doctor John H. Watson, editados por Arthur Conan Doyle. (Por cierto, que Livanov prestó su voz al detective en el cartoon El Perro de Sherlock Holmes, otra producción rusa que ya reseñamos debidamente en este espacio).
A su vez, Alexander Bubnov retoma aquí la larga serie de "las desventuras" de Sherlock Holmes, esto es, los pastiches paródicos que, como en esta ocasión, recogen los tópicos, los amaneramientos y los clichés sherlockianos para divertir al espectador casual... y por supuesto, al aficionado abierto de mente y dispuesto a divertirse: No podemos olvidar que el Maestro sentía debilidad por los toques teatrales y efectistas, y con ello demostraba tener sentido del humor.
La animación recordará al lector a esos dibujos animados de la era soviética, muchos de ellos producidos en Checoslovaquia (patria del animador Karel Zeman, a quien hemos dedicado algunas palabras aquí): El Asesinato de Lord Waterbrook tiene ese sabor, ese tono, y además de tratarse de un homenaje holmesiano, posee el encanto del rudimento infantil pero ingenioso que, al menos en este autor, despierta ciertos sentimientos nostálgicos.
Aunque ya conocíamos este cortometraje desde hace tiempo, algunos amigos de este Cuaderno, como Luis Miguez, han vuelto a llamar nuestra atención sobre el trabajo de Bubnov. Aquí lo servimos, enclaustrado, claro está, en la página youtube.com.
La traducción y edición de subtítulos en castellano, así como la idea de realizar este trabajo, corresponde al señor Ricardo González Ortiz, responsable del blog Gárgola Cine, y desinteresado colaborador de esta bitácora. A él debemos dar las gracias por brindarnos, por fin, la versión en nuestro idioma de este curioso caso que sólo el Gran Detective podría resolver... o no.
La segunda parte, por supuesto, la ofreceremos también aquí en breve.
Encontramos en el número 40 de Keeler News, boletín de la Harry Stephen Keeler Society de Ohio, una de esas pequeñas curiosidades (¿joyitas, quizá?) que tanto nos gustan a los holmesianos y también a los aficionados a la serie negra y la novela policíaca. Se trata de uno de los primeros textos publicados por el célebre Samuel Dashiell Hammett, autor norteamericano entre cuyas obras maestras se cuentan títulos como El Halcón Maltés, Cosecha Roja, La llave de cristal, y un sinfín de relatos protagonizados por el Agente de la Continental. Según indica el editor de Keeler News, el texto apareció en el número de noviembre de 1922 de la revista 10 Story Book, dirigida en aquel entonces por Harry Stephen Keeler, ese insólito escritor del que ya hemos hablado aquí en otras ocasiones (ver El Manuscrito Lunar y El caso del Keeler perdido, en este mismo blog). El texto aparecía firmado por "Daghull" Hammett, uno de los primeros pseudónimos que el autor utilizó, que no el único. Aquí lo tienen, en rigurosa primicia, y por primera vez en castellano, que nosotros sepamos.
Quizá no sea más que un chiste, pero ¡qué demonios!, es de Hammett.
Inmortalidad
Sé poco de ciencias, de arte, de finanzas o de aventuras. Nunca he escrito nada excepto breves e infrecuentes cartas a mi hermana en Sacramento. Mi nombre, que no está pintado en las ventanas de mi tienda, resulta desconocido incluso para la familia polaca que vive con su caterva de hijos al otro lado de la calle. Aún así, viviré en el recuerdo de los hombres cuando sus nombres, ahora en boca de todo el mundo, se hayan olvidado, y cuando los hechos de hoy se hayan oscurecido. No sé si seré recordado como filósofo, pero sé que yo, Oscar Blichy, el verdulero, seré inmortal. He guardado unos diecisiete mil dólares de los beneficios de mi tienda durante los últimos veinte años. Añadiré a esta cantidad todo lo que pueda hasta el día de mi muerte, y entonces, ¡esa cantidad será entregada al autor de mi mejor biografía!
por Daghull Hammett
10 Story Book, noviembre de 1922
(Traducción de Alberto López Aroca, publicada originalmente en el suplemento cultural Ínsula, y posteriormente en la desaparecida web albertolopezaroca.tk)