Mycroft Holmes y algunos agentes del Diogenes Club (II)
“Si la India estuviese poblada de hombres como usted y yo, que a semejanza de los cuervos no sabemos hoy lo que habremos de comer mañana, el país no produciría una renta de setenta millones: la produciría de setecientos millones”. Peachey Taliaferro Carnehan
En su carta (en realidad, una especie de informe acerca de una misión relacionada, precisamente, con nuestro bergantín, el Matilda Briggs) a Mycroft Holmes, Charles Marlow menciona a una pareja de agentes al servicio de la Corona y del Diogenes Club, que al parecer, habían desarrollado sus actividades de espionaje (que incluían el robo, el chantaje y la extorsión, ejecuciones sumarísimas, y en general, lo que hoy se conoce, en argot de la CIA, como Black OPs, u “operaciones negras”) en la India y en las regiones que la circundan: se trata de Daniel Dravot y Peachey Taliaferro Carnehan, en sus palabras, dirigidas al periodista y escritor Rudyard Kipling, “soldados, marineros, cajistas, fotógrafos, correctores de pruebas, predicadores ambulantes, y corresponsales del Backwoodsman cuando creíamos que el periódico lo necesitaba”. Este par de desvergonzados caballeros fueron enviados por Mycroft Holmes, hacia 1886 (la fecha exacta resulta un tanto esquiva), a una región afgana llamada Kafiristán, colindante con las posesiones británicas en la India. Esta región, de difícil acceso geográfico y con mayores dificultades para los odiados ingleses, estaba compuesta por aldeas de campesinos, y poblada por un sinnúmero de bandas de salteadores de caminos, traficantes y ladrones. No hay duda de que resultaba un lugar de importancia estratégica para el Gobierno Inglés, y así, Dravot y Carnehan se llegaron hasta ese lugar, contactaron con los jefes de aquellos incultos pueblos... y obtuvieron unos resultados que habrían sorprendido a la prodigiosa mente del mayor de los Holmes: tras capitanear algunas guerras entre aldeas, Dravot fue identificado por los kafiristaníes como el prometido hijo de Alejandro Magno, que habría de volver a aquellas tierras para reinar. Cuando fueron interrogados en un monasterio por los siniestros sacerdotes que se hacían acreedores de la profecía, Dravot y Carnehan, veteranos masones (lo cual los convierte en candidatos aún más apetecibles para el Diogenes Club, en verdad, una todopoderosa logia), pasaron la prueba al descubrir que el sello ancestral dejado por Alejandro en aquel monasterio no era otro sino el Compás del Arquitecto Universal, archiconocido símbolo masónico. Por desgracia para ellos, su farsa fue descubierta en último extremo por el sumo sacerdote y sus seguidores: así, parece ser que Daniel Dravot tuvo una muerte horrible, y Peachey Carnehan sobrevivió a la horrible tortura de la crucifixión. Fue Carnehan, convertido en un deforme mendigo hindú, quien relató la historia al periodista (y también masón, por cierto) Rudyard Kipling, que a su vez la consignó —eso sí, dejando al margen la implicación del Diogenes Club— en un excelente e imprescindible relato que lleva por título El Hombre que Pudo Reinar (1888). En su crónica, Kipling explicó que, pocos días después de su encuentro con el demente Peachey Carnehan, éste murió en un asilo, víctima de un insolación: sinceramente, creemos que este punto es falso, sobre todo si tenemos en cuenta las declaraciones de la carta de Charles Marlow, fechada en 1893. Sería de sumo interés que, en futuras investigaciones, se intentara rastrear el pasado militar de estos dos ganapanes (extraordinarios, por otra parte), que conocían los vericuetos de la Joya de la Corona como la palma de su mano, y se desenvolvían allí como sacerdote y criado, como agentes secretos, o simplemente, como aventureros. ¿Es posible que estos participaran, años atrás, en la Batalla de Maiwand como parte del famoso regimiento conocido como el 5º de Fusileros de Northumberland? ¿Conocieron allí a un cirujano militar llamado John H. Watson y a su asistente, Murray? En verdad, no sería de extrañar que estos hombres hubieran hecho frente a los fusiles jezaíles de la fuerzas de Ayub-Khan...
(Una nota más: no he podido dejar de ver cierto paralelismo entre la condición final de Peachey Carnehan y la atormentada figura del cabo Henry Wood, también militar británico, destinado en la India hacia 1857 —fecha en que se produjo el famoso Motín de los Cipayos, instigado por Nana Sahib y el Príncipe Dakkar, a quien conocemos todos como el Capitán Nemo—, y cuyo destino se cruzó con el señor Sherlock Holmes de Baker Street en algún momento entre 1887 y 1889, esto es, poco después de la boda del doctor Watson con Mary Morstan (ver El Jorobado, por Watson, y editado por Conan Doyle). Ambos sufrieron torturas, ambos quedaron deformados, y ambos se dedicaron, en última instancia, a vagar por los suburbios más sórdidos de la India. ¿Coincidieron Wood y Carnehan en Bombay, quizá en alguna esquina, sentados uno frente a otro, con la mano extendida, la mirada extraviada? ¿Ingresó el jorobado Henry Wood en el Diogenes Club por mediación de Sherlock Holmes?)
Ilustración 1: El cabo Henry Wood con cierta dama, visto por Sidney Paget. Ilustración 2: Soldados indios a punto de ser ejecutados por cañones británicos durante el Motín de los Cipayos.

Cadvalon dijo
Buscando imágenes para un artículo sobre el Diógenes he encontrado esta página, realmente muy interesante.
17 Julio 2008 | 04:56 PM