El Problema del Holmes Travestido (Parte II de II)
En realidad, la respuesta había estado ante mis ojos desde hacía un par de años, pero sólo recientemente, al leer un excelente artículo del señor Anthony Boucher, Holmesiana Hipanica, descubrí la sorprendente verdad.
Holmesiana Hispanica apareció originalmente en el Baker Street Journal (Original Series), volumen 2, número 3, de julio de 1947, y como su título indica, es un repaso bastante exhaustivo a las traducciones, pastiches y adaptaciones teatrales relativas al señor Sherlock Holmes que se habían realizado en España hasta esas fechas. El texto es una expansión de un ensayo previo de Boucher, editado individualmente en 1945 por una agrupación sherlockiana de San Francisco, y bebe de algunas fuentes que, ya en 1933, había citado el señor Starrett en The Private Life of Sherlock Holmes.El artículo es de gran interés intrínseco, y sobre todo para el investigador y coleccionista de habla castellana: para mí es una pieza fundamental del rompecabezas de este Holmes Travestido, pues al leer las primeras líneas, pude encontrar la solución de este curioso problema:
“‘El señor Reading es delgado, fuma en pipa de madera de cerezo, y se parece mucho a Sherlock-Holmes. En cuanto a su esposa, ella también se parece mucho a Sherlock-Holmes cuando Sherlock-Holmes se vistió de mujer para perseguir a Jack el Destripador’”.
¿Qué diablos es esta humorada?, se preguntará el lector, al igual que lo hice yo. Pero veamos cómo continúa Boucher:
“Así describe el humorista español Jardiel Poncela a sus compañeros de tren en Mis viajes a los Estados Unidos (en su Exceso de equipaje, listado más abajo). Para el holmesiano anglosajón, la referencia es sorprendente; para el entusiasta hispano-parlante, es simple e inevitable. Y es que Holmes es conocido en España y en Latinoamérica no tanto por las traducciones del Canon como por una serie de pastiches pulp conocidas como las Memorias íntimas de Sherlock Holmes, en las que el Maestro tiene un ayudante llamado Harry Taxon, un ama de llaves por nombre Mrs. Bonnet, y más alocadas aventuras en los más extraños rincones de la Tierra de las que la pantalla o incluso la radio le han brindado jamás”.

La referencia a Enrique Jardiel Poncela resulta especialmente esclarecedora, pues fue el responsable de una serie de pastiches humorísticos (Novísimas Aventuras de Sherlock Holmes, 1928), debidamente reseñados por Eduardo Giménez González (en Sherlock Holmes en español) y Josep María Clavell (Los inicios de Sherlock Holmes en España). El señor Giménez González nos da la carrera bibliográfica precisa de estas historias, que se reeditaron hace algunos años como complemento en la difunta colección Los Archivos de Baker Street, publicada por Valdemar Ediciones. El volumen citado por Boucher, Exceso de equipaje, incluía la novela corta (reescritura de un relato anterior) titulada Los treinta y ocho asesinatos y medio del castillo de Hull (Madrid, Biblioteca Nueva, 1943, pp. 291-318).
Sin embargo, el extremo de esta madeja nos lo brinda Boucher con la mención a esas Memorias íntimas de Sherlock Holmes, que son ahora conocidas, sobre todo, por los coleccionistas y aficionados a la figura del Maestro en nuestro país, aunque en su momento, tal y como indica Boucher, fueron las responsables directas de que Sherlock Holmes, como personaje, fuera famoso en España y en los países de habla castellana. Lo curioso es que, en realidad, esa disparatada cantidad de historias (Boucher habla de 157 volúmenes en diversas ediciones originales) procedían de un editor berlinés, F. Butsch, responsable de la Verlagshaus für Volksliteratur und Kunst, y aparecieron en Alemania desde 1907 hasta 1910. Todo esto, por supuesto, sin la venia de Conan Doyle. Tanto Eduardo Giménez como Josep María Clavell dan fe, con mayor exhaustividad que Boucher, de las exitosas y numerosas ediciones españolas de esta ingente colección de dislates, que en España vieron la luz en 1908 en la colección La Novela Ilustrada (dirigida por Vicente Blasco Ibáñez), y se perpetuaron en forma de libros y, sobre todo, cuadernillos, hasta al menos 1928. (En cuanto a las cifras y los años exactos de esta bibliografía, existen ciertas discrepancias —mínimas— entre los tres autores citados).
Uno de esos episodios de estas anónimas Memorias íntimas (los verdaderos autores nunca se dieron a conocer, que sepamos), cuyos títulos eran tan sugerentes como Sherlock Holmes “maitre d'hotel”, Sobre las huellas de Houdini, La pista del violador de cadáveres o El mercader de momias, resulta ser Jack, el Destripador. De esta historia en concreto hay, al menos, tres ediciones castellanas (en las editoriales Atlante y F. Granada), y desgraciadamente, no he tenido ocasión de leer ninguna de ellas.
No obstante, el comentario de Anthony Boucher es revelador: sin duda, Jardiel Poncela daba por buena la versión “popular” (la traducción de los pastiches alemanes) del encuentro entre el Maestro y el Destripador. Y en esa versión que Poncela conocía tan bien, Holmes se travestía para atrapar a Jack.
Para corroborar este razonamiento, que indica a las claras que Baring-Gould se inspiró en uno de esos nefastos (así los suele tildar la crítica) pastiches de origen germano, habría que hallar un texto accesible para el autor de Sherlock Holmes de Baker Street. Y resulta que, en la excelente web, aparece la reseña de un relato titulado Jack El Destripador, de autor anónimo, e indica que el texto, una versión traducida y resumida por Anthony Boucher, está incluido en el volumen The Harlot Killer (Dell, USA, 1953, pp. 192-194), a cargo de Allan Barnard.
¿Es posible que Baring-Gould leyera este libro? La respuesta había estado todo el tiempo en el mismo volumen de Sherlock Holmes de Baker Street, concretamente en la última página, en la bibliografía, en el primer apartado que aparece bajo el epígrafe “F. Libros, artículos y relatos relacionados con el tema”: el volumen compilado por Allan Barnard, The Harlot Killer: The Story of Jack The Ripper in Fact and Fiction, del que Baring-Gould comenta que “incluye con todo detalle los artículos sobre los crímenes publicados en el Times de Londres”.
Lo que no decía Baring-Gould es que allí había encontrado la fuente original para El Problema del Holmes Travestido.
***
Una cosa más:
Unas líneas más arriba, les aseguraba que yo podría haber resuelto este misterio bibliográfico, o al menos haber llegado a las mismas conclusiones, por una vía mucho más rápida. Sólo mi incapacidad para ver lo obvio me hizo errar durante dos años: “You see but you do not observe”, que dijo alguien a cierto doctor.
Pues son dos años los que han pasado desde que mi buen amigo Alejandro Fernández tuviera a bien hacerme un excepcional regalo de cumpleaños: se trata de tres volúmenes franceses, escritos por Philippe Mellot, que son una antológica historia de la novela popular en Francia a principios del siglo XX. Se trata de tres fascinantes libros de láminas, comentadas por Mellot, y que reproducen montones de cubiertas de esas colecciones de cuadernillos que por entonces se editaban en toda Europa.
Uno de los tres volúmenes, el titulado Les Maitres du Mystère: de Nick Carter à Sherlock Holmes, 1907-1914, resulta de especial interés para el investigador holmesiano, pues habla de las versiones francesas de cierta serie de pastiches alemanes, que vino en llamarse Les Dossiers Secrets du Roi des Détectives (Sherlock Holmes, por supuesto).
En dicho volumen, y a página completa, viene reproducida la cubierta del número 16 de dicha serie, que se titula Jack l´Eventreur. De haberme fijado más en esa ilustración, yo me habría ahorrado muchos esfuerzos y ustedes este montón de explicaciones.
Aquí tienen la última pieza del rompecabezas:


Juan GR dijo
Magnífica investigación.
Por cierto, ¿hay más antecedentes de famosos detectives que se hayan travestido en alguna ocasión para resolver un caso?
Recuerdo, así, ahora mismo, que Poirot se hizo pasar por su hermano gemelo, pero creo que nunca se vistió de señora...
15 Marzo 2006 | 06:51 PM