Bajo el suelo de Paris (II de II)
Una amenaza con barba
Respecto a la cavernosa oquedad que se hunde bajo la Ópera de París, disponemos de informaciones que sugieren que el célebre “Phantom” no terminó sus días tan pronto como declaró el señor Gastón Leroux, autor de la célebre novela que ha dado lugar a musicales, películas y versiones más o menos rockeras (así lo atestiguó Diego A. Requena en un número anterior de Ínsula), sino que sobrevivió a aquellos primeros, aciagos tiempos, en el subsuelo, y él solito defendió París de la amenaza del terrible Rasputín, el sectario clérigo ruso que puso en jaque a todo un imperio y tuvo a sus pies a los zares (y sobre todo a la zarina). De este inusitado e insólito encuentro dejó constancia Louis Feuillade, pionero cineasta comercial, autor de los seriales de Judex y Fantomas, y responsable del apenas conocido “Rasputin contre Le Phantom de L´Opera”, en seis jornadas, hoy perdido por completo y lamentablemente obviado por los libros de Historia del Cine.
Le Grande Detective
Hemos encontrado también diversas narraciones sobre la estancia del señor Sherlock Holmes, detective consultor, en París, hacia 1893, año en que conoció personalmente al ambiguo y desfigurado Fantasma de la Ópera. Estas historias se contradicen mutuamente, presentan los más disparatados y diversos resultados de este “crossover” —que dirían los sajones—, y si hemos de destacar una, habrá de ser “The Canary Trainer” (traducida al castellano, con la habitual poca fortuna de nuestros traductores, como “El Ángel de la Música”), la peor de las obras del escritor y director de cine Nicholas Meyer, que ya en su día nos brindó la brillantísima “The Seven Per-Cent Solution” (“Elemental, doctor Freud”... sin comentarios), una de las mejores aproximaciones, aunque evidentemente ficticia, a la figura del Maestro de Baker Street. La verdad sobre este encuentro no se halla, sin duda, en ninguno de estos pastiches poco imaginativos, sino en uno de los cuadernos de notas del doctor John H. Watson, donde recogió algunos de los casuales comentarios de su buen amigo, el Gran Detective: al parecer, Holmes visitó los subterráneos parisinos en busca de un simio (al que los diarios se referían como “El Simio del Mal”), descendiente de aquel otro mono que cometió los infames crímenes de la Rue Morgue, y en su mefítico periplo, el detective dio con la guarida del Fantasma. En contra de lo que Nicholas Meyer, Sam Siciliano y otros autores han sugerido, no se produjo ningún enfrentamiento entre estos dos gigantes de la aventura; por el contrario, trabaron amistad cuando Holmes escuchó los tristes, y no obstante intensos acordes del órgano, que resonaban por las oquedades cavernosas y hacían vibrar los huesos apilados desde hacía ya más de un siglo. Sherlock Holmes encontró al Fantasma ante el teclado, y cuando éste hubo terminado de tocar una de sus macabras piezas, el detective rompió en aplausos, alborozado al encontrar un alma gemela. Holmes tocó el violín para el habitante del subsuelo en varias ocasiones, y ambos compusieron piezas únicas para sus dos instrumentos, y celebraron alguno de los más extravagantes e inéditos conciertos privados de la Historia. Y por supuesto, juntos atraparon al “Simio del Mal”, una criatura amaestrada que respondía al nombre de Huret, y que había atentado contra el embajador de Inglaterra en Francia. Fue otro gran triunfo para “Le Grande Detective”, como le llamaba su amigo el Fantasma.
Lo que se arrastra
En un fragmento inédito de las memorias del comisario Jules Maigret, expurgadas debidamente por el escritor Georges Simenon, se menciona un caso que hasta la fecha no ha sido recogido: Maigret investigó la aparición de una serie de cadáveres de prostitutas a orillas del Sena, y esto le llevó a las cloacas que desembocan en el río, y a descubrir un extraño culto demoníaco, consagrado a una deidad marina llamada Dagón. En dicho fragmento, el comisario Maigret afirma que “hay cosas que se arrastran allá abajo, a nuestro pies; y pienso que seguirán arrastrándose cuando todos nosotros nos hayamos marchado”. Ese es el testimonio y la profecía de este notable agente de la ley: debemos mirar bien dónde pisamos.

jseoane dijo
Joer que feo es ese tipo!
20 Abril 2006 | 12:04 PM