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La Coctelera

Cuaderno de bitácora del "Matilda Briggs"

Mitología creativa: artículos sobre Sherlock Holmes, el Capitán Nemo, Tarzán, Doc Savage, Cthulhu... y otros miembros de esa misma familia... por ALBERTO LÓPEZ AROCA. Casa fundada el 27 de febrero de 2006

24 Julio 2006

Viajes espaciales... a la luz de gas (I de II)

Del mismo modo en que cada vez son menos los que creen que el célebre alunizaje norteamericano de 1966 fuera algo más que un mero montaje cinematográfico, rodado con los mismos medios que las películas del venerable Roger Corman, también somos más los que sabemos que, durante el siglo XIX, las más diversas y variopintas expediciones fueron envia-das a la Luna, a Marte, e incluso más allá, con muy distintos resultados. Existen pruebas de ello (a la sazón, bien guardadas por los departamentos de Inteligencia Militar de varios paí-ses), y una constancia explícita en diversos libros, la mayoría de ellos editados como obras de ficción, que para el lector sagaz resultan especialmente reveladoras.


La Expedición del Gun Club
Aunque inicialmente no era nuestra intención abundar en este particular, ya obvio, no hemos podido resistirnos a dar un pequeño paseo por algunos de los muchos casos y ejemplos que se hallan al alcance de la mano de cualquiera: así, el discutidísimo asunto del Gun Club de Baltimore, sociedad de veteranos de la Guerra de Secesión americana, que a finales de la década de 1860 envió un proyectil tripulado a la órbita lunar, y que regresó felizmente a nues-tro planeta, si hemos de hacer caso a monsieur Jules Verne, quien recogió la crónica de esta mítica aventura, protagonizada por un tal “Michel Ardan”, a quien se ha identificado, sin dejar lugar a dudas, como el excepcional fotógrafo e inventor parisino Nadar.
El caso del Gun Club de Baltimore nos viene al pelo a la hora de ejemplificar cómo los distintos gobiernos, a lo largo de la Historia, han procurado ocultar al gran público estos trascendentales acontecimientos que, de haber tenido mayor repercusión pública, habrían cambiado el rumbo de la humanidad. El mismísimo Verne, con su deliciosa crónica novelada en dos partes (De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna), se prestó a desacreditar esta ex-pedición disfrazándola de ficción científica (aunque esto es algo que monsieur Verne hizo a lo largo de toda su vida con la mayoría de sus novelas). La prensa, que en su día se hizo eco de esta aventura y acaparó la atención de todo el mundo durante un breve período de tiempo, también hizo su parte como censora y propagandista al servicio de los norteamericanos: el periodista Gideon Spillet, que también contribuyó como personaje a montar esa farsa titulada en castellano La Isla Misteriosa (el último y vano esfuerzo de Jules Verne por convertir la histórica figura del Capitán Nemo en un redimido villano de opereta), publicó una serie de reportajes en el New York Herald que pretendían “desvelar el fraude del Gun Club y su proyectil lunar”. Los artículos de Spillet, hombre poco escrupuloso y prácticamente un mercenario de las letras, contribuyeron definitivamente a desacreditar los logros de aquellos veteranos mutilados, hombres de honor, físicos, matemáticos, y sobre todo expertos en balística, que poco pudieron hacer contra el llamado Cuarto Poder, y fueron relegados a algo peor que el olvido: el vasto mundo de la ficción.
Este mismo mes hemos podido ver en España la versión que el guionista inglés Warren Ellis ha realizado sobre el caso del “Club del Cañón” en su serie de cómic Planetary: como siempre, la visión de Ellis es, cuando menos, catastrofista, pero las ilustraciones que para la ocasión ha preparado John Cassaday son verdaderamente maravillosas, y no podemos dejar de pensar si este ilustrador no ha tomado como modelo algún reportaje fotográfico real de la época, o incluso daguerrotipos sacados de los archivos del Gun Club de Baltimore.

Las hazañas de Pfaal y Cavor
Anterior cronológicamente a la expedición de los veteranos de Maryland, se encuentra el asombro viaje a la Luna realizado desde Rotterdam por un remendón de fuelles holandés llamado Hans Pfaal, que llegó a nuestro satélite en un globo aerostático de manufactura propia, en una fecha poco anterior a junio de 1835. De este particular dio noticia el norteamericano Edgar Allan Poe en uno de sus relatos satíricos, pero no nos cabe duda alguna de que este suceso, ocultado intencionadamente por la prensa de la época, fue recogido por Poe en un manuscrito distinto, exento de acritud y tintes humorísticos, y acabó en manos del honorable Impey Barbicane, presidente del Gun Club, que se inspiró en la verdadera crónica del viaje de Pfaal para idear su periplo lunar.
Menos célebre, pero igualmente importante, fue la aportación del profesor Sealwyn Cavor, que hacia 1900 viajó en una nave impulsada por un misterioso elemento (bautizado por el profesor con el autocomplaciente nombre de “cavorita”) hasta la Luna. Tenemos noticias de este importante hito, que incluyó contactos con una raza de selenitas insectoides, gracias al señor Herbert George Wells, que escribió una espeluznante novela, titulada Los Primeros Hombres en la Luna, con los mismos resultados que las obras de Verne: la incredulidad generalizada.

La alargada sombra de Espartero

A estas alturas, ya es bien sabido que el siglo XIX vio tantos viajes a la Luna que el general Baldomero Espartero, el poder en la sombra de España incluso diez años después de su supuesta muerte, se negó a embarcar a su país en un proyecto semejante porque consideraba que nuestro satélite “ya estaba suficientemente transitado”. No obstante, y en contra de los deseos del famoso general, uno de sus mejores agentes, el aventurero Don Carlos María Sansón de Castro (un miembro de la ilustre familia de justicieros, los Sansón), viajó en 1883 a la Luna, secuestrado por una banda de lo que podríamos definir como “gamberros espaciales”, que le llevaron hasta el satélite en una astronave en forma de puro. Las intenciones de estos alienígenas no eran buenas para con nuestro planeta, y por suerte para nosotros, Don Sansón dio buena cuenta de ellos (aunque a punto estuvo de perecer cuando se enfrentó a la monstruosa amenaza del Calamar-Saurio de la Luna), y logró dominar los mandos de la astronave para regresar a la Tierra, sano y salvo, y recoger su aventura en uno de los muchos volúmenes que componen las Crónicas de la Familia Sansón. Los detalles de este viaje se encuentran ahí, en la biblioteca privada de un antiguo caserón (auténtica fortaleza medieval), perdido en mi-tad de los Montes de Toledo.

Pieles rojas en Marte

Quizá el mismo año en que el Gun Club envió al espacio a tres hombres, el capitán del Ejército Confederado John Carter, de Virginia, reconvertido en buscador de oro tras la guerra, se vio sitiado por los indios en unas misteriosas cuevas, en el desierto de Arizona, y allí sufrió algo parecido a una experiencia mística que le trasladó a un lugar distante, poblado por hombres rojos, humanoides gigantes de cuatro brazos y piel verdosa, simios lampiños, y un largo etcétera de criaturas. En ese lugar, que John Carter identificó como Marte, nuestro valeroso capitán desposó a Dejah Thoris, Princesa de Helium (era una piel roja marciana), y pronto se convirtió en Señor de la Guerra. Su historia nos ha llegado gracias al escritor norteamericano Edgar Rice Burroughs, quien también se encargó de poner por escrito las andanzas de un noble inglés al que llamó, para ocultar su verdadero nombre y ascendencia, Lord Greystoke, y al que hoy el mundo conoce simplemente como Tarzán.
No obstante este singular viaje “mental” (por definirlo de algún modo), no fueron demasiadas las expediciones a Marte durante el siglo XIX: un tal profesor Heinrich Herrman Klotz llegó al Planeta Rojo a mediados de siglo en una nave que él mismo fabricó, y allí entró en contacto con diversas civilizaciones autóctonas (de esto dejó constancia el ornitólogo inglés Charles Dixon, que encontró un manuscrito del profesor Herrman Klotz en el interior de un meteoro caído en Inglaterra en 1894; Dixon editó el texto, bajo el título de Fifteen Hundred Miles an Hour, en 1895).

La Primera Invasión Marciana
Sería precisamente tras la archiconocida (y borrada de la Historia oficial) invasión de 1899, cuando las expediciones a Marte se multiplicaran.
En apariencia, lo hechos de esta difamada invasión fueron recogidos por el ya mencionado H.G. Wells en su celebérrima novela La Guerra de los Mundos, donde da cuenta, con pelos y señales, de los hechos más notorios de aquel terrible acontecimiento. Es al final de la obra donde Wells nos da la pista que indica el porqué de la ocultación sistemática de aquellos hechos, que apenas han dejado ecos en el Londres de nuestros días: el Gobierno británico se hizo con la tecnología abandonada por los vencidos marcianos para estudiarla y, por supuesto, para buscarle una aplicación militar.
Alan Moore, en el segundo volumen de su The League of Extraordinary Gentlemen, explica la invasión desde el punto de vista del MI-5 inglés (la inteligencia militar), y más en concreto desde la perspectiva de un comando especial a las órdenes de Mycroft Holmes (hermano del célebre detective de Baker Street, y responsable último de la seguridad británica), formado por el Hombre Invisible, el doctor Henry Jekyll, Allan Quatermain, el Capitán Nemo y Mina Murray. Según Moore, la primera versión oficial del triunfo de la Corona sobre los invasores es falsa (se aseguró que los marcianos murieron al entrar en contacto con el virus de la gripe), pero en realidad, esas criaturas tentaculadas que sembraron el terror con sus terribles octomeks y rayos de la muerte fueron barridas por un arma bacteriológica diseñada por el más célebre de los genetistas de la época, el doctor Alphonse Moreau.
En cualquier caso, la verdad, violada, sesgada y ridiculizada durante más de un siglo, jamás la conoceremos con certeza.
(Continúa)

servido por sherlockholmes 9 comentarios compártelo

9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Juan

Juan dijo

Yeepa, Alberto, qué peazo artículo! Muy bueno...

Por cierto, te remito una cuestión que el amigo Sergio dejó pendiente en mi blog [post nº35, del 12 de julio de 2006] y que hacía referencia a un encuentro entre Holmes y Rocky Balboa.

25 Julio 2006 | 03:46 PM

alberto lópez aroca

alberto lópez aroca dijo

Voy a ello: la clave es Mathews y Charing Cross. A ello voy.

25 Julio 2006 | 09:01 PM

ventayowski

ventayowski dijo

Esta mañana salía de casa, como siempre, sin más ánimo que recoger la prensa del día, degustar un café para animarme y enlazar con el resto de la jornada. "Una mañana fresquita", pensé para mí.

A pocos metros de mi café habitual, una sombra rojiza y desconocida se iba acercando por detrás, como las peores sombras suelen hacer. Quise mirar de reojo, pero un terrible y repentino dolor de cuello, similar a una tortícolis aunque más inmovilizador, me impidió volverme.

Su mano me tocó la espalda. No perdí la compostura pero nada bueno se puede augurar de quien no dice nada, ni un saludo ni una palabra y te coge por detrás por leve que sea la caricia.

Se nubló el cielo, no creo que nadie lo haya podido ver, pero ahí lo tenía, delante de mí, ese ser que viene de otro lugar.
Unos pocos lo sabemos, podemos reconocer en él actuaciones y comportamientos propios de seres de otro lugar, y el rostro de un leve encarnado pálido lo desenmascaran.
Siempre que se sepa bien qué se está mirando.

Es él, me dije, es él, estoy perdido.
-Hooombre qué tal- espetó mordiéndose compulsivamente una uña de su mano derecha.

Supe que la mañana se había truncado para mí.

28 Julio 2006 | 12:31 PM

Anna

Anna dijo

He encontrado este blog gracias al maravilloso Sergio Bleda y la curiosidad se apoderó de mí. Fantástico. Espero poder visitarlo a menudo. Sólo un detalle... el alunizaje no fue en el 69?

6 Septiembre 2006 | 01:56 PM

Da

Da dijo

no, el alunizaje norteamericano se empezó a rodar en 1966 (guión, decorados, etc.) Afortunadamente ahí tenemos las aventuras individualistas del señor Ardan, el profesor Challenger, Admusen y muchos otros, que seguro que fueron a la luna mucho antes.

14 Septiembre 2006 | 01:53 PM

Luis.

Luis. dijo

Soy un gran aficionado a la fantasía, y lo "Steampunk" me entusiasma en concreto... Acabo de descubrir este Blog. Espero la segunda parte de este post con impaciencia...

18 Septiembre 2006 | 01:09 PM

Alberto López Aroca

Alberto López Aroca dijo

El siguiente post caerá en un par de días. ¡No desistáis, que esta es una casa lenta, pero constante!

19 Septiembre 2006 | 08:39 PM

Luis.

Luis. dijo

¡¡Más material, por favor!! Que ya ha pasado bastante tiempo desde que prometió continuar con la increíble historia de los "Viajes espaciales... a la luz de gas". Nos vemos.

16 Noviembre 2006 | 09:17 PM

Alberto López Aroca

Alberto López Aroca dijo

Mis más sinceras excusas por las tardanzas. Los problemas son exclusivamente técnicos. Prometo (PROMETO) actualizar esto la próxima semana... creo.
Gracias por la paciencia (y la insistencia, ¡qué demonios!)

23 Noviembre 2006 | 07:52 PM

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