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La Coctelera

Cuaderno de bitácora del "Matilda Briggs"

Mitología creativa: artículos sobre Sherlock Holmes, el Capitán Nemo, Tarzán, Doc Savage, Cthulhu... y otros miembros de esa misma familia... por ALBERTO LÓPEZ AROCA. Casa fundada el 27 de febrero de 2006

5 Abril 2007

MOBILIS IN MOBILE: Diez cuestiones para el Capitán Nemo

(Publicado originalmente en Ínsula nº6, 24 de marzo de 2005)

Según algunos, él fue el mayor enemigo que jamás haya tenido la Corona Británica. Lo llamaron pirata, criminal y asesino. Sus simpatizantes, entre los que se contaba monsieur Jules Verne, lo describían como un brillante científico, un hombre de paz con un pasado trágico. Sus adversarios más honorables afirmaban que era algo más que un simple conquistador. Los que le conocieron personalmente, aseguraban que no estaba destinado a la grandeza, pues ya era un gigante entre los hombres. Hoy día, cualquier gobierno del mundo lo habría tachado de terrorista.

 

 

 

 

 

 

 

No aparenta su edad. Le veo sentado frente a mí, vestido con una americana de color azul marino (¿cuál, si no?), unos pantalones vaqueros, y por un momento me convenzo definitivamente de que se trata de un fraude. “¿Cómo puedo ser tan idiota?”, me pregunto. Y sin embargo, cuando se pone de pie y nuestras miradas se cruzan por primera vez, siento la profundidad de dos siglos oculta tras esos ojos de tonalidad indefinible. Su rostro posee algo de pétreo, su barba blanca, perfectamente recortada, parece esculpida a cincel. “Nautron respoc lorni virch”, me dice, y durante unos segundos, contemplo su mano extendida ante mí. Entonces recuerdo que esas palabras, si Verne no mintió, se pronunciaron alguna vez, hace ciento cincuenta años, en un sumergible llamado “Nautilus”.

Estrecho su mano por primera y última vez. Es firme, como la de un timonel de película de piratas. Tomamos asiento y me recuerda las reglas: no puedo decir cómo he dado con él, ni dónde nos hemos visto. Cosas que no puedo preguntar, y cosas que no responderá. Está acostumbrado a que sus órdenes se obedezcan. No seré yo quien ose contrariarlo.

 

Pregunta: “Nemo” es una palabra latina que significa “nadie”. ¿Por qué este apelativo para el que fue un hombre de gran importancia en la India?

R: Su pregunta tiene una orientación política, y quizás vaya usted bien encaminado, pero no es el caso. Cambié mi nombre porque yo también dejé de ser el que era. En efecto, mi familia tuvo cierto poder durante la primera mitad del siglo XIX, e hizo frente a la dominación británica. Los ingleses fueron mis enemigos durante mucho tiempo. Sin embargo, la respuesta final de mi pueblo, un pueblo oprimido, no estuvo a la altura de las expectativas. La Rebelión de los Cipayos debió haber sido sólo el comienzo de algo mucho mayor, pero en nuestras filas también había traidores. En algún momento, durante la retirada, sentí que algo se perdía. Decidí dejar de ser lo que era y dedicar mi vida a cuestiones mucho más importantes que el Hombre. Jamás me he arrepentido de ello.

 

P: Usted asegura que tiene 202 años, y aunque no contestará ninguna pregunta relacionada con su longevidad, ¿podría hablarnos de esos otros “hombres” que son más viejos que usted?

R: Debe comprender que los que se encuentran en mi situación guardan celosamente sus secretos, sobre todo el de su existencia. Si yo revelara, por ejemplo, que en un callejón de Londres hay una taberna, a la vista de todo el mundo, donde se reúnen los ancianos viajeros, o que en los subterráneos de París viven todavía algunos de los delincuentes más notables de los siglos pasados, me temo que mi anonimato correría peligro. No obstante, le diré que algunos de nosotros nos conocemos, y en ocasiones, nos reunimos para hablar de tiempos mejores. También le puedo decir que, de entre los que son como yo, muy pocos se preocupan de lo que a ustedes les ocurra. Nuestros enemigos murieron todos hace mucho tiempo. Salvar el mundo o destruirlo... esas son labores y decisiones que les corresponden a ustedes.

 

 

P: El “Nautilus” está considerado como un precursor de los modernos submarinos. ¿Cómo fue posible para usted construir un ingenio de tales características a mediados del siglo XIX?

R: En cierto modo, la Ciencia es tan misteriosa como la Magia. Al igual que avanza a pasos agigantados, también sufre retrocesos. Los investigadores y los científicos, a veces, no pertenecen a su tiempo. Al igual que los alquimistas medievales, muchos grandes descubrimientos se han ocultado al mundo: el científico es un hombre, tiene cualidades morales, y no es extraño que determinados inventos se destruyan para evitar que caigan en malas manos. Mire, en mi juventud, mi padre me envió a Europa para estudiar y conocer a los enemigos de mi patria. Estamos hablando de los años entre 1820 y 1840. Por aquel entonces, había auténticos genios que ya habían desarrollado motores capaces de enviar un artefacto al espacio. Conocí a un hombre, un biólogo (ahora lo llamarían genetista) que, mediante un proceso semejante al de la actual clonación, reinventó las leyes de la Naturaleza, y consiguió hacer que un perro hablara. No es broma, aunque intuyo que no me cree. Tampoco me creerá cuando le diga que el “Nautilus”, lejos de funcionar con un motor convencional, o un ingenio basado en las llamadas energías limpias o renovables era, en verdad, un submarino nuclear.

 

 

P: ¿Realmente visitó usted las ruinas de la Atlántida? R: Sí. Las coordenadas que Verne da en uno de sus libros son falsas, por supuesto. En contra de lo que se ha creído tradicionalmente, la Atlántida no era un continente, sino un islote donde se construyó una ciudad. Por cierto, que Atlantis no es la más impresionante de las ciudades hundidas en el fondo del océano.

P: ¿Hay más?

R: Muchas. Ustedes han oído hablar de Mu y de Lemuria, pero otras muchas ciudades se han perdido para siempre en el fondo del océano. En Sudamérica se encontró, hasta el siglo XVI, la Isla de Utopía, la misma isla de la que hablaba Tomás Moro. Al igual que Atlantis, se hundió. Hay otras muchas cuyos nombres se han perdido para siempre. Algunas de ellas están habitadas (sí, ha oído bien), y otras... Bien, otras, como R´lyeh, guardan secretos que es mejor no desvelar.

 

P: Se dice que el hombre intenta explorar el espacio, cuando en la Tierra todavía quedan rincones ignotos, como los fondos marinos. ¿Qué opina de la llegada del hombre a la Luna, y de sus intentos por ir aún más allá?

R: La vida, tal y como la conocemos en nuestro planeta, nació en el mar. Puedo afirmar sin temor a incurrir en error que nadie ha explorado tanto las profundidades como yo, y estoy muy lejos de conocer lo que las aguas protegen celosamente. Creo que el mar no necesita la atención de los hombres. Quizá algún día, los hombres sí necesiten la atención del mar. Con respecto a los viajes espaciales, le diré que en mi juventud conocí a varios hombres que estuvieron en la Luna, e incluso a uno que no sólo ha viajado a Marte, sino que allí formó una familia que honra su nombre.

 

P: Pero esto entra en contradicción con todo lo que ahora sabemos sobre Marte...

R: ¿Ha estado usted en Marte o en la Luna? ¿No? Yo tampoco. Y creo que ninguno de esos científicos que envían sondas al espacio han puesto nunca el pie en Marte. Una de las cosas que me maravilla de ustedes, de esta época en particular, es la fe que tienen en lo que les cuentan los poderosos, y el modo en que desprecian los conocimientos del pasado. Reescriben la Historia ante sus propias narices y ustedes ni siquiera se dan cuenta.

 

P: “Nautron respoc lorni virch”. ¿Qué idioma es éste?

R: Sí, es la lengua artificial que hablábamos en el “Nautilus”. Conmigo viajaban hombres de las más diversas nacionalidades y orígenes. En mi juventud, en Francia, inventé este idioma con la ayuda de un lingüista hoy olvidado. En su momento, cuando abandoné definitivamente mi guerra contra los ingleses y decidí vivir en el mar, opté por utilizar este viejo “juguete” en mi navío. Por si usted tiene curiosidad, le diré que está basado en el latín. Tiene tres declinaciones y en él sólo existe el género neutro.

 

P: ¿Conoció usted a Jules Verne? R: No, nunca tuve el placer de conocer personalmente a monsieur Verne; ni tan siquiera mantuvimos correspondencia. Supo de mí a través del diario del profesor Pierre Aronnax, que fue mi invitado a bordo del “Nautilus”. Su versión del texto de Aronnax, que como ya sabe usted, se publicó bajo el título de “Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino”, distorsionaba la realidad en muchos puntos. Eso es algo que, para una persona como yo, que desea el anonimato, resulta beneficioso a la larga.

 

P: Pero según Verne, usted murió durante los acontecimientos de “La Isla Misteriosa”.

R: Y sin embargo, aquí estoy, ¿verdad? No, no morí en la Isla de Lincoln, como la llamaron los colonos, ni se destruyó el Nautilus. En realidad, alguien, a petición mía, le sugirió a Verne que yo deseaba “morir”, y retocó la historia de los náufragos a tal efecto. No obstante, Verne hizo todo lo posible por crear incongruencias en los textos (fechas superpuestas, contradicciones, etc) que sirvieran de pista al lector para que pudiera dar con la verdad. Creo que se tomó unas molestias innecesarias, pues nadie pensó que aquellas novelas tuvieran un solo punto de veracidad. Y lo mismo ocurrirá con esta entrevista: Nemo no existe, ni existió nunca. ¿Puede ser de otro modo? A fin de cuentas, mi nombre es “Nadie”.

 

Cuando se marcha, recuerdo sus instrucciones (sus órdenes, claro). Y sólo entonces tengo la completa certeza de que no es ningún impostor. Nadie mostraría tanto desprecio, y al tiempo, tanta simpatía, por nosotros.

 

servido por sherlockholmes 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

miguel guillermo ventayol

miguel guillermo ventayol dijo

Queremos cosas nuevas.
¿Acaso el insigne A.L.A. se dedica a pasar el tiempo de bares, leyendo cosas en idiomas extraños y sin dar un lapicerazo al cuaderno?
Pero bueno, el amigo Nemo me comentó en su día que se encontraba muy satisfecho con la entrevista. Aunque no le agradaba el diario en cuestión, el suplemento cultural Ínsula tenía un potencial enorme.
En fechas recientes me volvió a comentar, en un mensaje en una botella, que resultaba lastimoso que un proyecto tan brillante pasase a los anales de los inconclusos.

11 Abril 2007 | 06:37 PM

Luis.

Luis. dijo

"-...- El científico es un hombre, tiene cualidades morales, y no es extraño que determinados inventos se destruyan para evitar que caigan en malas manos." "Una de las cosas que me maravilla de ustedes, de esta época en particular, es la fe que tienen en lo que les cuentan los poderosos -...-." Bien, ya lo sabíamos, claro, pero queda más claro todavía que el Capitán Nemo será un científico, pero no es un cientifista. ¡¡Viva!! Muy divertido, la verdad... Y si le digo donde me he imaginado la entrevista, antes de que dijera usted que no iba a desvelar el lugar, no me creería -Más que nada, porque no tienen ninguna lógica-. Nos vemos.

19 Abril 2007 | 12:26 AM

FERNANDO

FERNANDO dijo

SIEMPRE ME IMAGINE QUE EL CAPITAN NEMO HABIA QUEDADO VIVO Y QUE LO DEL SUPUESTO HUNDIMIENDO SUYO CON EL NAUTILUS FUE ALGO EXTRAÑAMENTE ESCRITO POR VERNE
TIENE VALOR INICIATICO A MI PARECER LA ENTREVISTA

30 Octubre 2007 | 06:12 AM

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