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Cuaderno de bitácora del "Matilda Briggs"

Mitología creativa: artículos sobre Sherlock Holmes, el Capitán Nemo, Tarzán, Doc Savage, Cthulhu... y otros miembros de esa misma familia... por ALBERTO LÓPEZ AROCA. Casa fundada el 27 de febrero de 2006

12 Febrero 2008

INTRODUCCIÓN DE "SHERLOCK HOLMES Y LO OUTRÉ": NO APTA PARA HOLMESIANOS REACCIONARIOS

Introducción:

No ghosts need apply”

Buena parte de la crítica holmesiana y sherlockiana, sobre todo la más tradicionalista (que pasa, habitualmente, por ser también la más respetuosa, aunque esta sea una autoapreciación suya, y por lo tanto, bastante sesgada), se muestra algo más que reticente ante las especulaciones que relacionan al señor Sherlock Holmes con ciertas cuestiones que rebasan los inciertos límites de lo que el Maestro denominaba lo outré.

El carácter frío y lógico que caracteriza la metodología del señor Holmes ha hecho presuponer a sus seguidores más “fieles” que esta inmortal figura era el más escéptico de los mortales, y que por tanto, el mundo de lo sobrenatural no entraba en sus mementos.

En nuestra opinión, Sherlock Holmes fue, por el contrario, un hombre de una apertura mental insólita para su época, y probablemente, también para la nuestra. Esta afirmación viene corroborada por el mismo Maestro, y no sólo con palabras, sino con hechos: ¿Acaso no fue un pionero en el campo de la investigación criminal? ¿Acaso no asentó las bases de la moderna criminología, a pesar de la continua oposición de las estructuras oficiales, como el mismo Scotland Yard? ¿Acaso sus horizontes eran menos amplios que los del mayor de los sabios?

Holmes dedicó sus prodigiosos poderes no sólo en la dirección que le ha hecho famoso, esto es, el Arte de la Detección, sino que también trabajó en campos tan dispares como la musicología (Sobre los Motetes Polifónicos de Orlando di Lassus), el alpinismo (véase las notables exploraciones de un noruego llamado Sigerson), la filología (Sobre sobre las raíces caldeas del antiguo idioma de Cornualles), la apicultura (Manual Práctico de Apicultura, con Algunas Observaciones Sobre la Segregación de la Reina), todo esto sin contar con sus investigaciones químicas acerca de los derivados del alquitrán...

El investigador tradicionalista (y estamos en un punto en que nos atreveremos a llamarlo “reaccionario”) argumentará que el método de detección de Holmes se puede aplicar adecuadamente a la investigación en todos estos campos. Y en parte, hemos de admitirlo, tendrá razón.

No obstante, la aplicación de la lógica, de la búsqueda de evidencias, &c., no puede tener mucho peso en disciplinas como la Historia (ya sea la historia de la Música, o la historia de la Lengua), que se sustentan sobre bases arbitrarias, y a las que difícilmente podremos denominar “ciencias”, debido, precisamente, a su carácter voluptuosamente humano y susceptible de manipulaciones, o simplemente, opiniones subjetivas.

Quizá si continuamos por este camino, podríamos poner en tela de juicio la validez de la “ciencia” como método, a pesar de que el proceso deductivo de Holmes es eminentemente científico: la ciencia se encarga de explicar los fenómenos reproducibles, y así, el Maestro es capaz de reconocer la profesión de un individuo a través de ciertas señales físicas características, como las cayosidades de la mano, que son representativas del uso de instrumentos profesionales. El problema de la ciencia estriba en su incapacidad para explicar fenómenos no reproducibles, esto es, que no se repiten con cierta frecuencia, y que por tanto no son demasiado susceptibles de ser estudiados. Este extremo, pensamos, no impediría al señor Sherlock Holmes entrar de lleno en un misterio, con mejores o peores resultados, y así lo confirman algunos de sus más célebres fracasos, sobre cuya naturaleza se ha especulado en muchas ocasiones: hablamos, por supuesto, del problema del señor James Phillimore, que entró en su casa para coger un paraguas y ya nunca más fue visto en este mundo; el de Isadora Persano, periodista y duelista, que fue hallado loco, junto a una caja de cerillas que contenía un extraordinario gusano desconocido para la ciencia; y por supuesto, el del cúter Alicia, que desapareció para siempre en un banco de niebla. Tres casos que, como veremos más adelante, muchos autores han entendido como asuntos indefectiblemente unidos por el destino, tres casos envueltos en un halo de misterio, tres casos de lo más outré... Pero por supuesto, no son los únicos.

Lo sobrenatural en el Canon

A las afirmaciones de la crítica tradicional, hemos de concederle también un punto (nada pequeño) a su favor, y es el hecho de que, en los textos canónicos, no se hace patente explícitamente la presencia del elemento sobrenatural, sobre todo cuando utilizamos el término en su más extenso sentido, referido sobre todo a los llamados “fenómenos psíquicos”, tales como la telepatía, la telequinesis, &c., o esos otros mucho más folklóricos, relacionados con fantasmas, apariciones, demonios, y otros fenómenos (que por cierto, han sido registrados a lo largo de la historia en demasiadas ocasiones como para negarlos, al menos, como “posibilidad”) que encajan mucho mejor en el campo de investigación de uno de los “sucesores” —por aplicar un término aproximado— de Holmes, el señor Thomas Carnacki del 472 de Chayne Walk, Chelsea, ghost-finder y “doctor de lo oculto” (o, como diría el señor Lin Carter, supernatural-sleuth).

No nos parece imposible (ni tan siquiera improbable) que el señor Sherlock Holmes se topara, en algún momento de su intensa carrera como detective consultor, con alguno de estos fenómenos sobrenaturales. De haber sido así, no nos cabe la menor duda de que lo hubiera tratado sin demasiada afectación negativa, y que habría obtenido resultados positivos.

Lo más parecido que encontramos en el Canon a una investigación parapsíquica es La Aventura del Vampiro de Sussex, argumentada en numerosas ocasiones por los investigadores tradicionalistas como la declaración de principios de Holmes frente a lo sobrenatural. “No hace falta que vengan a llamar nuestra atención los fantasmas”, le dice el Maestro a Watson, cuando se plantea un aparente caso de vampirismo.

Y sin embargo, otros investigadores más abiertos al verdadero abanico de posibilidades del privilegiado cerebro de Sherlock Holmes, así como algunos autores de pastiches, se han negado a aceptar esa muestra de cerrazón mental por parte del Gran Detective. Son muchos los “manuscritos de Watson” hallados que recogen su enfrentamiento con el Conde Drácula (textos a todas luces falsos, como la enorme mayoría de pastiches), y que en buena parte acaban desmintiendo los sucesos del Vampiro de Sussex.

Sí, parece que las palabras de Holmes en dicha crónica dejan bien clara su postura frente a lo sobrenatural, en contra de lo que nosotros podríamos pensar.

Y aún así, es precisamente en esa historia donde Holmes habla a Watson por primera vez de un asunto que, si no entra en el conflictivo terreno de los espíritus malignos y los cuentos de hadas, al menos pone un pie en otra parcela, también en conflicto con la ciencia, pero que no debería dejar de ser un campo de investigación perfectamente lícito, incluso para los más tradicionalistas: el Mundo de lo Desconocido.

Sherlock Holmes, criptozoólogo

Matilda Briggs no es el nombre de una mujer, Watson, sino el de un barco que está relacionado con el caso de la rata gigante de Sumatra, un asunto para el que el mundo aún no está preparado”. Estas palabras las pronuncia Holmes precisamente a colación del caso de vampirismo en Sussex, y las dice justo antes de ridiculizar la supersticiosa idea de los no-muertos. El misterio que se oculta tras esta sugerente referencia ha sido —y es— objeto de todo tipo de especulaciones, si cabe más fantásticas que el concepto de “vampiro”; pero situada en el contexto de esta historia desmitificadora, adquiere toda la fuerza de la conjunción entre la ciencia y lo desconocido: así, y no en vano, se ha visto en el asunto de la rata gigante de Sumatra diversos tipos de amenaza en forma de enfermedad contagiosa, y sobre todo, de roedores monstruosos.

Curiosamente, a lo largo de las historias del Canon, Holmes se ve obligado a hacer frente a diversas amenazas de tipo animal, como puede ser el caso de La Melena de León, en que el villano en cuestión es un tipo de medusa venenosa (la Cyanea Capillata); La Banda Moteada, donde el malvado Dr. Grimesby Roylott utiliza como arma una letal serpiente; o en La Aventura del Hombre que Reptaba, posiblemente la más extraordinaria de las aventuras narradas por Watson, pues sus implicaciones científicas, relacionadas con un elixir rejuvenecedor sintetizado a partir de ciertas glándulas de un simio tibetano (el langur), jamás se han admitido —aunque, por supuesto, sabemos que el científico H. Lowenstein, de Praga, o alguien cuyo verdadero nombre quedó oculto por la discreta pluma de Watson, llevó a cabo esos experimentos1.

Hay otras criaturas misteriosas, de difícil localización y catalogación, que aparecen mencionadas en los textos canónicos: la repulsiva sanguijuela roja (relacionada con la muerte de Crosby el banquero), y el famoso y ya mencionado gusano que quizá volvió loco a Isadora Persano.

Estos dos encuentros, junto con el problema de la rata gigante de Sumatra, nos sugieren que Sherlock Holmes tuvo ocasión de actuar como criptozoólogo circunstancial en diversas ocasiones, esto es, como investigador de formas de vida misteriosas. (La faceta como biólogo de Holmes también ha sido mencionada unas líneas más arriba; cuando el Maestro decidió retirarse a Fulworth, se dedicó a la apicultura, e invirtió mucho tiempo —y todo un tratado— al estudio de las abejas).

La criptozoología es una disciplina practicada por biólogos, científicos, y aficionados a desentrañar misterios, centrada en las criaturas que pueblan nuestro mundo y que pasan por él (se diría que por nuestro lado) de forma tan escurridiza que la ciencia oficial no puede estudiarlos, catalogarlos, o sencillamente, admitir su existencia. El Holmes más escéptico, el Holmes que desecha la posibilidad de los vampiros, no debería tener ningún problema para admitir, como su primo, el profesor George Edward Challenger, que criaturas antediluvianas podrían poblar aún hoy las selvas más recónditas de nuestro planeta, que en el Himalaya vive un tipo de homínido desconocido, y que por las aguas de cierto lago escocés se desliza un monstruo de cuello largo y aletas de foca. De hecho, contamos con la “Conexión Friesland”, de la que hablaremos más adelante, para demostrar estos extremos.

Esta monografía

Por motivos de espacio, trataremos a continuación sólo algunos puntos relacionados con este ensayo, que debería ser mucho más extenso y exhaustivo. No obstante, prometemos ofrecer una continuación adecuada, con mayores pormenores, que el lector echará en falta en las páginas siguientes.

Dejaremos para un futuro volumen las explicaciones pertinentes a la repulsiva historia de la sanguijuela roja, el asunto de la rata gigante de Sumatra (que merece una atención especial), algunas palabras sobre el langur y el profesor H. Lowenstein, y ciertas teorías referentes a la estancia del señor Holmes en el Tibet. Además, esperamos añadir información fundamental en un capítulo dedicado a la faceta de Sherlock Holmes como “doctor de lo oculto” (con asuntos como el de Baskerville Hall, el del cúter Alicia y la desaparición del señor James Phillimore), y los resultados de nuestras investigaciones acerca de otros elementos canónicos que guardan una relación estrecha con lo outré (y quizá con lo ridicule).

Pero eso será, como decimos, en un futuro próximo.

1 El señor Jess Nevins, mitógrafo creativo woldnewtoniano, identificó —quizá no tan convincentemente como él habría deseado— a Lowenstein con un médico viviseccionista inglés, el Dr. Moreau, en su artículo The Austrian Doctor (El Doctor Austríaco, traducción del presente autor en Paradol Chamber, Boletín de la Academia de Mitología Creativa “Jules Verne” de Albacete, volumen I, número 1, julio de 2004).

servido por sherlockholmes 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Evil Preacher

Evil Preacher dijo

He llegado a este blog a través de la invitación que me dejaste en el mío propio, en un artículo sobre la ubicación del 221b de Baker street y he de agradecértela. Es de los más estimulante y volveré aquí con asiduidad.
Lo cierto es que hay muchos blogs sherlockianos en español y que la mayoría no aportan gran cosa, de manera que me he sorprendido muy gratamente.
Hasta pronto

18 Febrero 2008 | 02:15 AM

Alberto López Aroca

Alberto López Aroca dijo

Muchas gracias, amigo Evil Preacher, por tus amables palabras.
Lo mismo puedo decir de tu blog: muy interesante. A los asiduos de este blog se lo tengo que recomendar, pues es necesario que vean tu selección de secuencias de "El Valle del Gwangi" (rodada en Cuenca), y esa obsesión que comparto por los monos y gorilas.
Todo esto y más en

http://predicadormalvado.blogspot.com/

Saludos

18 Febrero 2008 | 05:47 PM

Evil Preacher

Evil Preacher dijo

Gracias por recomendar mi blog. Yo, por mi parte, he incluído el tuyo en mi blogroll.
Efectivamente me ha apasionado tu sección simiesca.
Saludos

25 Febrero 2008 | 05:13 PM

QUATERMAIN

QUATERMAIN dijo

Por fin dispongo de un rato libre para poder emitir un comentario (he estado muy ocupado luchando contra una horda de siervos de cierto longevo oriental, a fin de hacerme con la ansiada biografía de mi amigo Clark Savage Jr. que en su día escribiera el excelso Philip José Farmer; el libro, por supuesto, ya obra en mi poder).

Seré breve: ambos opúsculos son excelentes y hacer que desee más, mucho más. Espero que pronto aparezcan más, y deseo fervientemente que esa novela que hace ya demasiado tiempo que muchos esperamos vea la luz lo antes posible.

Confío en que este año nos depare buenas sorpresas a todos...

5 Marzo 2008 | 12:03 AM

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