KAREL ZEMAN: "ANTE LA BANDERA", DE JULES VERNE
La parte mitográfico-creativa de este blog que no concierne a Sherlock Holmes parece que anda un tanto abandonada... repito, sólo en apariencia.
Os recomiendo que le echéis un vistazo a este tráiler de una película checoslovaca de 1958, titulada Vynález zkázy ("La invención diabólica", dicen los traductores wikipédicos), que es en realidad la adaptación de una de las obras menos conocidas en España de Jules Verne, Face au drapeau ("Ante la bandera", 1896), donde el Maestro Francés anticipa un concepto tan divertido y familiar como el de la bomba atómica.
El protagonista de la novela, el inventor francés Tomas Roch (pariente lejano, a la sazón, del galdosiano León Roch), es, de acuerdo con mis investigaciones, el padre del más famoso de los ghost-finders o doctores de lo oculto, el señor Thomas Carnacki de Cheyne Walk. (Para conócer más detalles acerca de esta investigación, ruego al lector que consulte el relato "Un olvidado episodio caudetano", incluido en el volumen Los Espectros Conjurados (2004), donde se expone con mayor amplitud esta relación, así como la identidad de la señora madre del conocido cazafantasmas, o las relaciones de Carnacki con ese horror denominado Fantomas).
La película del gran Karel Zeman es una auténtica gozada, y tanto a este cineasta y animador checo, como al filme propiamente dicho, me los acaba de descubrir mi buen amigo el dibujante e ilustrador Juan Antonio Martínez Sarrión, cuyo blog MORTIMERÍADAS podéis disfrutar pinchando aquí. Supongo que podéis conseguir "La invención diabólica" por los medios habituales que nos brinda la Red de Redes.
Y además, hay un crossover con Robur el Conquistador.
¡Bravo!



lanousfera dijo
De mis libros favoritos, va un fragmento:
"El personaje en cuestión era un francés llamado Tomás Roch, de unos cuarenta y cinco años de edad. Ninguna duda podía existir de que estuviera bajo la influencia de una enfermedad mental; pero hasta entonces los médicos no habían notado en él una perturbación definitiva de las facultades intelectuales. Cierto que la justa noción de las cosas faltábale en los actos más sencillos de la vida; pero su razón permanecía entera, poderosa, inatacable, cuando se hacía llamamiento a su genio; y ¿quién no sabe que a veces el genio y la locura confinan? Verdad es que sus facultades afectivas o sensoriales estaban profundamente atacadas. Cuando había lugar para ejercitarlas, no se manifestaban más que por el delirio o la incoherencia. Ausencia de memoria, imposibilidad de atención; nada de conciencia, nada de genio. Entonces Tomás Roch no era más que un loco, incapaz para todo, privado de ese instinto natural que dirige la vida animal, el de la conservación, y era preciso tratarle como a un niño. No se podía perderle de vista, y en el pabellón 17, que ocupaba en el fondo del parque de Healthful-House, su guardián tenía la obligación de vigilarle noche y día".
Saludos...
1 Noviembre 2009 | 04:03 AM