Un autor sherlockiano de otra dimensión: SIR ARTHUR CONAN RUBBERDUCQUE
El avezado estudioso holmesiano, en su afán de canonicidad, a veces olvida prestar la atención que merecen esas otras curiosas (y verdaderas) figuras que son los Grandes Imitadores del Maestro, como el señor Solar Pons de Praed Street, el señor Sexton Blake de Baker Street, el señor Harry Dickson de Baker Street, o Sir Timothy O'Theodore de The Chimneys en Acorn Village. Hay muchos otros nombres que merecen estudios pormenorizados, tal y como demuestra el investigador woldnewtoniano Jess Nevins (anotador de The League of Extraordinary Gentlemen, de Alan Moore y Kevin O´Neil) en su artículo YOU ARE NOT SHERLOCK HOLMES, que pueden consultar aquí.
El señor Nevins no recordó incluir en su listado de individuos que han sufrido de GDS (el Síndrome del Gran Detective) a un extravagante investigador privado, procedente de una de esas asintóticas dimensionas que a veces se introducen en la nuestra en lo que algunos llaman "puntos blandos de la realidad", y cuyas hazañas fueron recogidas por un escritor, también oriundo de dicho universo: Sir Arthur Conan Rubberducque.
Ese curioso lugar está poblado por criaturas de colores chillones, animales parlantes y, sobre todo, monstruos peludos. Al igual que el mundo descrito por el reverendo Charles Ludvidge Dodgson, al que accedió una jovencita llamada Alice Liddell, y al que el profesor Bellman envió una expedición a la caza de un ser mitológico de insólita naturaleza -el Snark-, esta demencial realidad ha sido visitada en repetidas ocasiones por toda clase de investigadores y artistas. Los principales puntos de acceso se encuentran en la ciudad norteamericana de New York, en el antiguo local de un teatro de variedades muy frecuentado por dos siniestros ancianos llamados Waldorf y Statler -a la sazón, amigos de Sir Arthur-, y también en una callejuela recóndita de los suburbios, donde los fenómenos parapsiquícos, las apariciones de extraterrestres, los avistamientos de humanoides de pelaje azul, y todo tipo de acontecimientos inexplicables se han denunciado repetidas veces a la Policía local. Existen pruebas documentales e informes policiales acerca de la detención de un noble transilvano aquejado de una enfermiza obsesión por los números -¿un vampiro de las matemáticas?-, y algunos agentes de la ley han declarado que "en ese barrio no hay nada que esté claro, salvo la diferencia entre arriba y abajo".
El año pasado, unos buenos amigos nos obsequiaron con una publicación de 1972 firmada por Sir Arthur Conan Rubberducque, que recogió las declaraciones de una tal Betty Lou -sin duda un pseudónimo-, una habitante de dicha calle, que recurrió a la ayuda del Gran Detective local.
El espeluznante caso se editó bajo el título de The Great Twiddlebug Mystery, or, The Mystery of the Terrible Mess in My Friend´s Front Yard, e implicaba la presencia de un gigantesco y horrible monstruo azul, y una congregación de escarabajos inteligentes, totalmente desconocidos para la ciencia -aunque algunos investigadores se han referido a ellos con el enigmático nombre de "nabucodonosorcitos".
Se trata de un caso que habría puesto en un aprieto al Maestro de Baker Street, dada la naturaleza de los hechos, pero que fue resuelto en cuestión de minutos, gracias a sus poderes de observación, su gran capacidad deductiva y más allá de toda duda por Sherlock Hemlock, el Gran Detective de Sesame Street.
Sirva esta brevísima reseña como reconocimiento a su talento sin igual -al menos en su propia dimensión-, y a sus 40 años de servicios prestados al Mundo.
Gracias, señor Sherlock Hemlock.


Quatermain dijo
Impagable...
25 Noviembre 2009 | 12:37 AM