TRAZOS ESCARLATA: un pastiche wellsiano

Hace un par de meses, recogíamos la noticia de la aparición de una serie de tebeos norteamericana titulada Victorian Undead, escrita por Ian Edgington, y que planteaba la tesitura de un enfrentamiento entre Sherlock Holmes y los muertos vivientes... Ahora, regresamos con el señor Edginton para reseñar una obrita que apareció en los Estados Unidos allá por 2003 y 2004, de la mano de Dark Horse Comics, y que en España nos sirvió la editorial Devir en 2004. (En realidad, estaba concebida para publicarse on-line, con música y animaciones; pero el proyecto se abortó cuando el sitio web Cool Beans World se fue al garete).
Se trata de Scarlet Traces (Trazos Escarlata), un entretenido -y en ocasiones pavoroso- relato, ilustrado por el señor D'Israeli (como cierto ministro británico, sí), que resulta ser una secuela a la famosa y gloriosa The War of the Worlds (La Guerra de los Mundos) de Herbert George Wells.
La acción de esta historia arranca pocos años después de la invasión marciana, y nos muestra una Inglaterra post-victoriana -no diremos eduardiana, pues no vemos rastro del rey en el cómic-, convertida en un mundo steampunk, esto es, tecnológicamente avanzadado pero retro, gracias a la tecnología que los terribles invasores dejaron tras su paso.
Las imágenes de pesadilla que circundan las urbes inglesas son para relamerse: coches de caballos arácnidos, diminutos trípodes mata-cucarachas, edificios art-nouveau que dejan enano al Big Ben, armas de pesadilla... y todo un mundo rendido a los pies de Gran Bretaña.
En este contexto, dos trasuntos de Holmes y Watson, el capitán Robert Autumn y el sargento Archie Currie, se ven inmiscuidos en el caso de la desaparición de una chica... un asunto que tiene tintes vampíricos.
Edginton aprovecha un argumento a caballo entre lo policíaco y lo político para realizar una serie de duras críticas contra los totalitarismos al estilo de 1984 de Orwell, y de paso siembra el camino con esas referencias que tanto nos gustan a los lectores pro-decimonónicos: Jack el Destripador, Varney el Vampiro, Mary Reilly, la Abadía de Carfax, Daniel Dravot, Tintín, la Masonería, Phileas Fogg, son parte del decorado de esta Inglaterra de pesadilla en la que los viejos valores (el honor, la verdad, el patriotismo, etc.) quedan en evidencia ante la dura realidad: los gobiernos siempre tienen segundas intenciones.
Hay una secuela, inédita en castellano, Scarlet Traces: The Great Game, que tiene algunos puntos de conexión con una novela de 1898 (secuela, a la sazón, de la obra de Wells), titulada Edison´s Conquest of Mars.
Muy recomendable, muy disfrutable, y muy barata.


Quatermain dijo
Ya figura en mi "wishlist" de The Book Depository... ;)
11 Enero 2010 | 11:17 AM