Acerca de NORM ELDRITCH (UN PRÓLOGO)
Hoy toca rescate, en concreto, un prólogo que realicé para el fanzine doble LOS LÍMITES DEL RANCHO, que contiene traducciones de relatos del Oeste más bizarro de NORM ELDRITCH. Estoy seguro de que este autor también escribió algún pastiche holmesiano...
Acerca de Norm Eldritch
El caso de Norm Eldritch es semejante al de docenas de autores de todos los tiempos y todas las épocas: ha desaparecido casi por completo en las entrañas del tiempo.
Incluso en esta época, en que el milagro de Internet nos está permitiendo recuperar muchos fragmentos perdidos de la Historia de la Literatura, resulta imposible determinar cuántas obras han sucumbido ante el deterioro físico de los elementos, el menosprecio de sus contemporáneos, y el olvido de historiadores e investigadores.
Muy lentamente, algunos aficionados, que ya se han convertido en los auténticos expertos, recuperan textos que vieron la luz en esta o aquella otra época (o acaso nunca, pues permanecieron enterrados, en forma de manuscrito, en el fondo de una pila de legajos agusanados), y los entregan a la imprenta, la fotocopiadora, e incluso los cuelgan en la Red de Redes. Ciertos autores, mencionados a vuelapluma en un relato, en índices o en ese artículo anónimo, empiezan a ser conocidos, al menos para los estudiosos.
En los últimos tiempos, no es difícil encontrar referencias a una esquiva publicación norteamericana, Outré Tales, de corta vida, y en la que publicaron algunas de sus obras Robert H. Blake, Jonathan Swift Sommers III, Richard Montreville, Owen Fitzstephan, e incluso el antaño celebérrimo Harry Stephen Keeler, autor del best-seller de los años 40 Sing-Sing Nights, que colaboró en Outré Tales bajo uno de sus nomes de plume más obvios, Herbert Simon Kennell. Algunos autores profesionales, verdaderos amantes de la literatura y de sus menos conocidos exponentes, recuperan en sus volúmenes los textos de Paul Chapin, Richard Cordwainer Bird, Kilgore Trout y su discípulo, Nick Adams, Jr., los poemas de Justin Geoffrey (People of the Monolith), Manuel Gutiérrez y Alvarado (El Romance de la Media Luna), Edward Derby (Azathoth and Other Horrors) y Richard Blake, el poeta sordo, mudo y ciego de Boston -a quien no debemos confundir con el ya citado Robert Harrison Blake-. Es de esperar -o al menos, de desear- que, poco a poco, se vaya desenterrando la obra policíaca de King Parker, las novelas de aventuras de Len Dexter, las apenas recordadas historias de magia de Esteban Díaz, la saga de Don Sansón de Luis J. Bisbal, o los western "a la española" de Cinco Balas, serie de J. Ángel Aguilar Cervera.

(Ilustración de Andrea Bonazzi)
Por otra parte, no es de extrañar que todos estos autores, pertenecientes a épocas más felices -que no demasiado lejanas- hayan caído en el olvido, cuando algunos otros, prácticamente contemporáneos, se encuentran en su misma situación: ya son pocos los que recuerdan las alcohólicas memorias Tiempo perdido del guionista norteamericano Graham Williams, de Hampstead, o las numerosas novelas de Thaddeus Beaumont (con su verdadero nombre o bajo el punzante pseudónimo de George Stark), los westerns (Hangtown, The Long Ride Back, Massacre Canyon) y los poemas (Boxing the Compass) de Roberta Anderson, los breves libritos de versos de James Gardener, los romances de Mike Noonan (El admirador de Darcy, Descenso desde la cima, La promesa de Helen) y Carrie Engelbart Hoskins (El héroe de blanco).
Hay muchos otros, como Tim Underhill, Thomas Wilgreve, Leo Queequeg Tincrowdor... La lista de autores literarios cuyas obras ya no están entre nosotros es casi eterna, y lo mismo sucede con las obras científicas de James Moriarty, Otto Lidenbrock o Pierre Aronnax, los fabulosos viajes de Tres meses en la jungla de Sebastian Moran -junto a su obra sobre la caza mayor en el Himalaya del siglo XIX, un volumen escrito en clave, que en realidad versa sobre espionaje internacional-, los insólitos volúmenes sobre arqueología y antropología de Von Junzt y Otto Dostman, las diversas monografías de un autor que hoy es más conocido como el padre del detectivismo profesional, el señor Sherlock Holmes...
No seremos más pródigos por el momento, pero esperamos llamar la atención de los editores, que están perdiendo su tiempo y su dinero cada vez que realizan alguna enésima edición de los "clásicos". Señores, hay mucho material que recuperar.
El cofre del tesoro
Habrá quien piense que una maleta llena de libros y revistas viejas reviste más bien poco atractivo, pero a los aficionados a la novela de a duro, siempre se les ha antojado esta imagen mucho más semejante al cofre del tesoro de los piratas, que los impolutos estantes de una librería al uso.
El hallazgo de una maleta con obras de los autores anteriormente citados vale, sencillamente, su peso en oro.
Pero no es el caso de la maleta que nosotros hemos encontrado, con diversas publicaciones de los años cincuenta y algunos manuscritos.
Y es que nuestro autor es Norm Eldritch, un nombre que poco o nada les podrá decir, pues no se le puede rastrear en modo alguno... salvo con mucha sutileza. Sus publicaciones -al menos, aquellas de las que tenemos constancia, pues están en nuestras manos- son escasas y oscuras, y una buena parte de su obra permaneció inédita, a juzgar por los abultados tacos de papeles mecanografiados a espacio simple con los que hemos dado.
La presente edición, en dos volúmenes, contiene ocho relatos y medio (a continuación explicaremos este curioso sinsentido) firmados por este anónimo caballero norteamericano, y han sido traducidos por diversos aficionados y estudiosos de la literatura de género.
Así, en estos dos tomos encontramos "Quiet Town" (La Ciudad Tranquila), publicado en un panfleto mimeografiado en Fort Worth por una especie de sindicato pro-comunista llamado The Village People (nada que ver con el famoso grupo de música), y titulado Why Do We Still Stand? (1952), donde Eldritch nos presenta una amarga visión de los viejos dramas del Oeste Americano: la confrontación del débil con el fuerte sólo se puede saldar de una manera.
En "The Last Outlaw"(El Último Forajido), que apareció en un número de 1955 -no conocemos el mes- de la revista Frontier Tales, el autor nos lleva de la mano hasta las entrañas de una vieja y fantasmagórica leyenda de las montañas, mostrada desde un orbe a caballo entre la parábola gótica y lo puramente realista; mientras que "The Butchers" (Los Carniceros), procedente del número de abril de 1959 de Old West Quarterly, y "The Alien" (El Forastero, Western Island, 1957) son muestras del hibridaje literario de un Norm Eldritch que, indudablemente, aborrecía la idea de ceñirse a las convenciones de la época, y no dudaba en utilizar los escenarios del Western clásico para relatar unas fantasías científicas y terroríficas, que no habrían desentonado en Weird Tales. Algo de todo esto entrevemos en "The Secret of Delmoe's Saga" (El secreto de la saga Delmoe, 1961), incluido en la hoja parroquial de la iglesia de San Marcos -ahora derruida, según hemos comprobado- de Lockenhess (North Dakota), un relato con referencias a la ciencia moderna, pero muy relacionado con los conocimientos y costumbres olvidadas de nuestros ancestros.
"A Rope Wasn't Enough For Jimmy", breve cuento en primera persona, es otro ejemplo de maridaje servido por un cruel Norm Eldritch, que quizá se inspirara en las revistas de horror y crimen publicadas en aquella época por William C. Gaines en la editorial E.C. Comics; este relato apareció en dos páginas a doble columna en un número de 1954 de la revista Dark-Gunned Tales.
Si Norm Eldritch había superpuesto al género del Western otros conceptos como el pesimismo, la especulación científica, el terror y el mundo de lo sobrenatural, nos encontramos con dos textos más, inéditos por lo que sabemos, a causa de su carácter intrínsecamente político, o bien políticamente incorrecto. El primero es el caso de "Adiós, amigos, or, Spanish Red Lights", con firma del autor y fecha de agosto de 1959, en el que Norm Eldritch abandona brevemente el escenario del Oeste americano para contar la insólita experiencia de un agente de la C.I.A. en España: ¿Estamos aquí sobre la pista de la verdadera identidad de nuestro autor? Eso es algo que sólo podremos averiguar si consultamos los informes desclasificados de la conocida -y no por ello menos infame- Agencia de Inteligencia de los Estados Unidos.
El segundo caso de texto inédito es el relato "Lorraine´s Pain" -fechado en 1959-, que no encaja con las exigencias morales de los editores de la época, y bien podría haberse tratado de un texto beatnik, o quizá un relato del gran Jim Thompson... Una vez más, con esta curiosa historia de sexo explícito y violencia implícita, Eldritch se sale por la tangente y nos muestra un Far West que difícilmente podemos relacionar con Gary Cooper o John Wayne... ¿o quizás sí?
Hay otras historias, como "In the Rodenwolf's Hall", un relato de corte detectivesco y ambientado en una casa de familia adinerada de algún rincón de Texas, que aparece aquí de forma fragmentaria, pues está incompleta: Fue publicada en la revista Western Island (1958), pero el ejemplar que tenemos en nuestras manos está mutilado, y falta el final de la historia. No obstante, hemos decidido ofrecerla al lector como muestra de la versatilidad de Eldritch, un auténtico estilista capaz de tocar todos los palos literarios.
Con respecto al resto de cuentos breves -y de un par de textos de mayor extensión, Old Houses y The Killed People, que quizá sean novelas, o quizá no lo sean-, intentaremos darlos a la imprenta o la fotocopiadora cuando sea el momento adecuado.
Paciencia.
Alberto López Aroca

Una nota sobre la traducción:
Por motivos de pura practicidad, esta compilación de textos de Norm Eldritch ha sido traducida por diversas plumas, entre las que se cuentan Miguel G. Ventayol, Marcelo Ortega, Diego Alfonso Requena, Alejandro Salvador Alcantud, Juan García Rodenas y Alberto López Aroca, quien ya publicó uno de los relatos en un volumen propio titulado Nadie lo sabrá nunca.
La circunstancia ha sido feliz, pues ante tal multitud de traductores, se ha conseguido un efecto no previsto en los albores de este proyecto: reflejar en su verdadera intensidad la gran variedad de registros estilísticos de Norm Eldritch. Cada traductor ha aportado su propia visión de la rica lengua inglesa (o norteamericana, como es este caso), y ha interpretado bajo luces distintas los matices que Eldritch, en ocasiones, repetía en sus diversas narraciones. Por eso no debe sorprenderse el lector cuando encuentre que en ocasiones aparezca las designaciones "jr." (junior) y "sr." (senior) en unos relatos, y en otros se hable de "padre" e "hijo". Del mismo modo, en unas ocasiones los diálogos se han mantenido íntegramente como parte de la narración, incluidos entre comillas, mientras que en otros lugares los encontraremos con la puntuación ortográfica habitual española, es decir, con guiones.
Tan rica es la literatura de Norm Eldritch, que nos ha permitido realizar ese tipo de variantes, que no de alteraciones del espíritu y la letra original.


sherlockholmes dijo
Y los próximos posts:
-"THE THING FROM ANOTHER WORLD" (algo más sobre nuestro multiforme primigenio nyarlatothepiano favorito...)
-¡¡¡SAX RAKER NO ES SHERLOCK HOLMES!!! (Aetheric Mechanics, de Warren Ellis y un ilustrador italiano)
-Quizá, algo de información sobre "CANDY CITY". Quizá, la cubierta. Quizá, los caramelos oficiales del libro (¿?)
26 Mayo 2010 | 02:46 PM