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Cuaderno de bitácora del "Matilda Briggs"

Mitología creativa: artículos sobre Sherlock Holmes, el Capitán Nemo, Tarzán, Doc Savage, Cthulhu... y otros miembros de esa misma familia... por ALBERTO LÓPEZ AROCA. Casa fundada el 27 de febrero de 2006

13 Abril 2011

LOS NUEVOS HÉROES: EL TIPO DE GENTE QUE USTED NUNCA QUERRÁ SER

Este pequeño artículo de divulgación se publicó en el número 20 del suplemento cultural Ínsula (dentro del diario El Pueblo de Albacete), allá por el 30 de junio del  año 2005, y creo que volvió a ver la luz en mi extinta página web albertolopezaroca.tk.

Había considerado actualizarlo y añadirle alguna que otra nota al pie, pues en algunos puntos, la información está desfasada: Por ejemplo, Garth Ennis parece haber terminado (quizá no definitivamente) su larga y gloriosa etapa en la serie de The Punisher; ahora existe una novela más (y también una triste película más) sobre Hannibal Lecter; Don Westlake ha muerto y con él también Richard Stark (que nos ha dejado con la apabullante cifra de veinticuatro novelas de Parker); y John Constantine sigue haciendo de las suyas, aunque cada vez más alejado de la semilla original sembrada por Alan Moore.

En este artículo no menciono el verdadero origen literario de Frank Castle, que no es tanto Harry el Sucio como Mack Bolan (The Executioner), y para aquellos que tengan curiosidad sobre este particular, les sugiero que se pasen por aquí.

Además, si alguien quiere saber cómo era eso del semanario Ínsula, aquí podéis descargar el ya citado número 20, con todas sus habituales secciones y disparates.

***

En otros tiempos, que en verdad eran incluso menos felices que los actuales, el consumidor de ficción barata (léase novela popular, cine, tebeos, etc) se refocilaba con los mayores héroes de todos los tiempos: se trataba de individuos aparentemente unidimensionales, como Sherlock Holmes, Doc Savage, Tarzán, Superman, o todos esos protagonistas de las novelas de Jules Verne. Esa percepción de una única dimensión, ese blanco y negro primordial, la elemental dicotomía entre Bien y Mal, es únicamente nuestra, por supuesto, y tan falsa como Judas (quien, por cierto, también merecería un análisis sobre su unidimensionalidad como malvado. Aunque bien pensado, esto ya lo hizo Borges. Lástima).

El maniqueo planteamiento de los buenos contra los malos sigue estando a la orden del día: a todos nos gusta ver cómo los nuestros les ganan a esos desgraciados que están condenados a fracasar, los tipos que hacen el Mal, vamos. Así nos gustaría que fuese la vida, un enfrentamiento en el que, de un modo más o menos definitivo, venciéramos a los Demonios una semana sí, otra también. El Gran Detective, el Super Héroe de Tecnópolis, el Noble Salvaje, y el Hombre de Krypton así lo han venido haciendo durante muchos años, revisión tras revisión, autor tras autor, siempre buscando una perspectiva más "realista", más "crepuscular", y en definitiva, más "adulta", como les gusta decir a los críticos y estudiosos que no entienden de la misa la mitad.

Así son nuestros días y nuestros tiempos: realistas, crepusculares y adultos. Ya no hay lugar para atavismos procedentes de la infancia, sino sólo un montón de reflexiones freudianas, planteamientos políticos y perversiones cotidianas. Detrás del mejor intencionado de los mortales se encuentra un reprimido sexual, un individuo ávido de poder fálico, un machacador de almas que se escuda tras la excusa de hacer el Bien para poder pegar unas cuantas palizas a los pobres delincuentes, auténticas víctimas de la sociedad.

En este caldo de cultivo filosófico y de andar por casa que se ha vendido ampliamente (y sin escrúpulos) al público, a los supuestos intelectuales, e incluso a los escépticos más reaccionarios, han nacido los que podríamos denominar "Nuevos Héroes". Sí, tenemos también todas las revisiones de los Grandes Clásicos: Tarzán era caníbal y jamás hizo ascos a la carne humana; la moralidad de Holmes es más discutible que su adicción a la cocaína; la sexualidad del doctor Clark Savage jr. podría resultar francamente repugnante; y la verdad sobre Superman es que no es más que un paleto del medio Oeste americano, demasiado susceptible a la manipulación del Gobierno de los Estados Unidos... Pero no obstante, otros personajes han nacido en este, nuestro contexto. Sus motivaciones y acciones nos pueden parecer punibles. Muchos dirían que es imposible identificarse con estos monstruos.

Y sin embargo, en algunas ocasiones, ¿no nos resultaría sencillo ponernos en el pellejo de...?

 

El CANÍBAL

El doctor Hannibal Lecter apareció por primera vez a comienzos de los años 80 en The Red Dragon (El Dragón Rojo), una excelente novela escrita por el periodista norteamericano Thomas Harris. No obstante, el doctor Lecter alcanzó la popularidad mediática que lo ha convertido en un auténtico icono gracias la adaptación cinematográfica de The Silence of the Lambs (El silencio de los corderos), segunda novela de la serie de Lecter. Jonathan Demme dirigió este filme que, un poco a lo pavo, se ha convertido en una de las mejores películas de la Historia del Cine. Así de claro lo decimos.

El indudable atractivo vampírico del doctor Lecter resulta innegable, y el prolífico y polémico Stephen King así lo entendió cuando definió a Hannibal el Caníbal como "el Conde Drácula de la era de los teléfonos móviles". Qué certero es el dardo de King, cuando a él le da la gana y no habla de religión o de política.

La moralidad de Lecter, para aquellos pobres humanos (nosotros), personas de a pie, que leen sus aventuras o lo contemplan en el cine, nos resulta a priori completamente ajena. Pero nadie puede negar que esta criatura, en sus tres breves (pero intensísimas) apariciones hasta la fecha, castiga (vamos a decirlo con claridad: se come) a los malos, y dentro de su retorcido sentido de la realidad, es tan justo que podemos alegrarnos cuando escapa de sus perseguidores, destripa al ambicioso policía italiano, hace que el todopoderoso y multimillonario psicópata se arranque el rostro con pedazos de cristal para arrojárselos a los perros, o sencillamente, planea su venganza contra su pretencioso y pedante carcelero, el doctor Chilton.

¿Resulta imposible identificarse con alguien como el doctor Lecter, que ama tanto la belleza del arte y la naturaleza? ¿Es tan terrible ese individuo que disfruta de las Variaciones Goldberg (en la versión de Glenn Gould, por supuesto), y cocina al músico de orquesta que fastidia por completo un concierto de ejecución impecable?

Ahí está: la percepción de la hermosura, la estética y el gusto, y la persecución implacable de todo aquello que las hace peligrar.

 

EL MAGUS

Sin duda, el doctor Lecter habría pasado por la picadora a los responsables del filme Constantine, que teóricamente lleva a la gran pantalla a uno de esos grandes personajes a los que Hollywood ha violado impunemente y que por desgracia, permanecerá siendo un gran desconocido para el gran público, incapaz de acercarse a lo que la cultura oficialista e ignorante (profunda, profundamente ignorante) denomina "producto subcultural para niños", esto es, los tebeos. (O llámenlos cómics, si así lo desean, pues a nosotros nos importa un bledo cómo los denominen, siempre y cuando sean capaces de llevar alguno en la mano por la calle, abiertamente, sin tener la sensación de estar exhibiendo pornografía o sus partes pudendas).

El inglés John Constantine fue presentado por primera vez en The Saga of Swamp Thing (La Cosa del Pantano), de la mano del guionista de Northampton, el más famoso del mundo, Alan Moore. El señor Moore decidió que Constantine debía tener los rasgos del cantante Sting, y así lo plasmó John Totleben. (Por supuesto, Constantine no se parece en nada al actor Keanu Reeves... Por ser, nuestro Constantine es rubio).

John viste una gabardina, traje, y a veces corbata. Luce un pendiente en su oreja, un recuerdo de su juventud punk como miembro del grupo de música Mucous Menbrane. Y no es sólo un mago, sino que es El Magus: para entendernos, algo así como el Mago Definitivo. (Aunque también le cabe otro título honorífico: el de Embaucador Definitivo. Y ríanse ustedes de Henry Gondorff y Johnny Hooker en El Golpe).

Constantine también es un auténtico hijo de puta, y nadie que permanezca a su alrededor vive durante mucho tiempo. Ni amigos, ni enemigos.

John Constantine ha salvado el mundo (en serio) en más ocasiones de las que podríamos recordar. Y lo ha salvado matando, engañando, estafando, y utilizando todos los medios de que dispone el único hombre capaz de pactar con el Diablo (bueno, con muchos diablos) y salir de rositas una y otra vez... Las hazañas de Constantine nada tienen que ver con Expediente-X, sino con los milagros de Merlín.

Le hemos visto danzar al son dictado por Moore, pero también haciéndose eco de las voces de Neil Gaiman, Grant Morrison, y ese magnífico irlandés que responde al nombre de Garth Ennis: John Constantine es el hombre que se enfrenta a las fuerzas del Infierno una y otra vez, armado con un cigarrillo Silk Cut en la comisura de sus labios, las manos en los bolsillos de la gabardina, y esa sonrisa de cabronazo, tan seguro de sí mismo que desarma a Mnemoth, Adramelech, Sargatanas, al mismísimo Satanás, y a todo el panteón de demonios de cualquier religión inventada y por inventar. Y esos demonios, por sistema, siempre piensan: "Es un farol".

Y lo bueno es que no hay modo de saber si lo es o no, porque a veces, John lleva las mejores cartas. Mal que le pese a Satanás.

Díganme, ¿quién no querría timar al Diablo en una timba de póker?

 

LA CALAVERA QUE NO SONRÍE

Muchos justicieros "duros" (por no decir directamente psicópatas) han nacido a remolque del Murphy interpretado por Charles Bronson, o el divino (si encubriera más lo humano) Harry Callahan de Clint Eastwood. Esos fascistas que se toman la justicia por su mano, dicen las frases más sentenciosas ("Alégrame el día") y resultan implacables, mortales e insaciables, se convierten por defecto en auténticos niños de teta cuando los comparamos con Frank Castle.

Castle, conocido como The Punisher (El Castigador, lo llamaron inicialmente los traductores castellanos), nació como un enemigo más de nuestro vecino y amigo Spiderman, el Hombre Araña. El personaje pasó por muchas manos, pero ha sido el ya mencionado Garth Ennis quien le ha dedicado más espacio y tiempo, y quien ha sabido construir las historias más disparatadas, sanguinarias, irónicas, humorísticas y críticas, protagonizadas por este asesino de criminales.

La familia de Frank Castle, veterano de Vietnam (de un Vietnam a lo Platoon, y posiblemente a lo Apocalypse Now), fue asesinada durante un fuego cruzado en Central Park, entre dos bandas mafiosas rivales. Desde entonces, Frank se dedicó a limpiar de basura New York, y a veces el resto del mundo conocido. El Castigador, como personaje, adolece de todos los defectos que le podemos achacar a individuos tan básicos como Harry el Sucio. Garth Ennis, en su sabiduría, ha sabido obviar toda la basura crepuscular, realista y adulta que mencionábamos al principio, y se ha metido en harina del mejor modo posible: siendo consecuente con el personaje.

Si Lecter es un intocable observador privilegiado de nuestro mundo, y Constantine es un poder sobrenatural que guarda ciertos equilibrios, Frank Castle es una fuerza de la naturaleza, imparable e indiscutible, que poco tiene que ver con cuestiones morales. La diferencia que hay entre un terremoto que hunde un rascacielos repleto de mafiosos y un ataque planeado por Frank Castle contra ese mismo edificio, estriba en que la efectividad del Castigador es muy superior a la del seísmo. Y así lo entiende Garth Ennis.

Todas esas preguntas éticas sobre el Bien y el Mal que tanto nos gusta realizarnos también aparecen en estas historias, pero siempre se hallan en los personajes secundarios: los malos tratos, la corrupción, la perversión, la locura... Los planteamientos morales están ahí para todo aquel que quiera verlos y reflexionar sobre ellos.

Pero eso sí: para todos estos problemas, Frank Castle tiene una respuesta. Y por desgracia para los culpables, siempre es la misma.

 

EL MEJOR DE LOS HOMBRES MALOS

En un mundo de moral doble y podrida, un individuo de principios inflexibles, sencillos y perfectamente comprensibles, nos resulta abiertamente atractivo. Un individuo que toma lo que necesita y castiga sistemáticamente a los que le quieren perjudicar, al margen de esa fantasía arbitraria que nos rodea como un velo fantasmagórico y que se hace llamar Ley y Orden (o civilización, en términos tarzanianos), puede convertirse en un modelo (de ascendencia nietzschiana, eso sí) a imitar. Un modelo imposible, claro, pero modelo.

Se le conoce por muchos nombres (Charles Willis, Ronald Kasper), pero sus compañeros de profesión le conocen únicamente como Parker. Es un ladrón. Sus escrúpulos son escasos. No le gusta matar innecesariamente. Habla lo justo. Y sobre todo, no tolera que le amenacen, le roben, o intenten engañarlo.

Quizá el rasgo más importante de este moderno salvaje (en una acepción muy amplia, y al tiempo inexacta) sea su actitud aparentemente nihilista frente a la vida. Parker jamás se detiene ante ningún obstáculo. Su respuesta a la presión, a la coacción, se ve perfectamente ilustrada en el siguiente ejemplo, entresacado de Butcher´s Moon (traducida con la poca fortuna de nuestros profesionales como La Luna de los asesinos), novela número dieciséis de esta serie de, hasta ahora, veintidós historias, y probablemente la mejor de todas:

Un individuo (un idiota que trabaja para los tipos realmente malos) le entrega a Parker una cajita que contiene un dedo de Grofield, compañero de Parker y cautivo de sus enemigos. Parker contempla el dedo, saca su pistola y apunta al idiota, que grita:

"-¡Yo sólo soy el mensajero!"

A lo que Parker responde, mientras dispara:

"-Y ahora, eres el mensaje."

Por oposición a los otros Nuevos Héroes de los que ya hemos hablado, Parker no es una entidad primordial, ni un observador hedonista, ni un mago, sino simplemente un hombre llevado a sus extremos. Sin duda nos resultaría mucho más fácil identificarnos con ese poli de New York que responde al nombre de John McClane, capaz de enfrentarse a terroristas ladrones él solo; o incluso veríamos más de nosotros en el director de S.H.I.E.L.D., Nick Fury, un hombre que se mearía en el gimlet de James Bond después de haberle dado una paliza.

Pero Parker es un ladrón, un Arsène Lupin despojado de cualquier glamour, sentido del humor y chiste fácil. Parker no necesita demostrar su valía en el trabajo, sino llevarlo a cabo de la forma más rápida y limpia. Y si para ello debe enfrentarse a la mismísima Mafia y a todos los traidores del mundo, no parará en mientes hasta haberse salido con la suya.

Parker sólo es un hombre, un hombre malo. Pero es el mejor.

servido por sherlockholmes 2 comentarios compártelo

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Quatermain

Quatermain dijo

Excelente artículo, sí señor. Me ha picado el gusanillo, y voy a ver si puedo hacerme vía Amazon con algún libro del señor Parker por pocos dólares.

13 Abril 2011 | 11:04 PM

sherlockholmes

sherlockholmes dijo

¡¡¡IMPORTANTE, amigo Quatermain!!! Le insto a que siga el orden de la serie, y comience con el título "THE HUNTER", titulado también "A quemarropa" (por la película de Lee Marvin) y "Payback" (por la película de Mel Gibson). Los filmes, por cierto, no le hacen justicia, y lo mismo digo de la adaptación a cómic de Darwyn Cooke, que aunque no está mal, tampoco está tan bien.

Abrazos,
ALA

14 Abril 2011 | 06:49 PM

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