Sobre la redacción de “Necronomicón Z” (un aviso y una disculpa... y casi un prólogo)
Quiero presentar mis excusas a amigos, lectores, y sobre todo a mis editores (esos pobres chicos) por el tiempo que me está llevando concluir (de una puñetera vez, debo añadir) esta novelita Z. Hay tantos retrasos como motivos para retrasarse, pero en este caso, quiero explicar y confesar que el proceso de redacción está siendo francamente complicado.
Habitualmente, o al menos desde que empecé a escribir historias largas, siempre he dicho que las novelas son mecanismos de relojería en los que todas las piezas tienen que encajar. Si no es así, el reloj se adelanta, se atrasa, en el peor de los casos se detiene y sólo tiene razón dos veces al día... es un consuelo.
Pero "Necronomicón Z" es sutilmente distinta. Sí, es un mecanismo de relojería, sin duda alguna. Un reloj complejo que contiene a su vez un montón de relojitos más pequeños: Una clepsidra de plástico en cuyo interior cae arena de color rosa, un digital de pulsera (con calculadora) que me regalaron en la primera comunión, el reloj de sol (un llavero, en realidad) de Tico, el ratoncito que acompañaba a Willy Fogg y a Rigodón en su vuelta al mundo... Y un montón de artilugios más que ni yo mismo termino de entender. Pero que son necesarios para su funcionamiento. Todos son importantes.
Y es que por una vez, tengo la sensación de que está conectado a una bomba.
Eso es exactamente lo que siento mientras estoy sentado ahora mismo ante la pantalla del ordenador, escuchando el tableteo (diría traqueteo, porque siento que me muevo) de las teclas mientras las pulso por medio de un proceso mental automático: asdfg ñlkjh, asdfg ñlkjh...
Cada rueda tiene que encajar en su engranaje, cada tornillo tiene que estar apretado tan sólo lo justo para no trasroscar la tuerca, hay por ahí un par de cables (uno azul y uno rojo) que es mejor no tocar demasiado, pues ya están conectados a no sé qué mecanismo... No me atrevo ni a mirarlo. Pero antes o después, tendré que hacerlo. Tendré que revisarlos. Espero que ninguno esté (por Dios, no) suelto.
Y lo malo es que si monto mal este reloj, si un muelle salta, si la aguja del minutero se adelanta, se atasca, empieza a rebotar o a reverberar, la bomba me estallará en la cara. O lo que es peor, le puede estallar al lector.
Es un trabajo de precisión, y yo estoy utilizando todas mis herramientas, que no son precisamente refinadas (aunque sí variadas). Ya lo sabéis: la sutilidad no es mi fuerte. Escribo como si mis palabras estuviesen escritas todas EN MAYÚSCULAS, abro la puerta de una patada, la cierro dando un portazo y no me molesto en preguntar si alguien está durmiendo. A fin de cuentas, sois vosotros los que entráis voluntariamente en mis libros. Yo no obligo a nadie. Así que, por favor, no os quejéis si a alguien le revientan los tímpanos. Aquí no habéis venido a dormir, ¿verdad que no?
Esta nota es sólo un aviso. Y una disculpa.
Para todos vosotros.
(Una cosa más: Si alguien espera que en el futuro cuente el making-off de esta novela, que se vaya quitando la idea de la cabeza. Yo mismo no sé cómo demonios me metí en el interior de esta caja china cuyas paredes interiores están forradas con los espejos deformantes de una feria de monstruos. Hace mucho, mucho calor, y de cuando en cuando, en las esquinas, me encuentro o-fudas -unos mensajes japoneses que tienen que ver con los fantasmas nipones, ¿cómo diablos saben que yo sé lo que es un o-fuda?-, invocaciones en idiomas olvidados o secretos, y alguna carta personalizada del tipo "¿Realmente crees que lo conseguirás, imbécil? Ja, ja, ja" cuyo único objetivo es desanimarme. Esa risa, ese "ja, ja, ja", es siniestra, y la escucho por los corredores donde la iluminación -no natural, sino sobrenatural- alterna tonos grises con violetas y con amarillos chillones. Es la risa de una bruja desdentada sin cuerpo, aunque bien podría ser la de un brujo sin cabeza. No puedo estar seguro. También, al doblar un recodo, me ataca al olfato el hedor de las heces de alguna bestia inmunda, pero no logro encontrar el rastro de la criatura. He llegado a pensar que hay alguien aquí conmigo, pero no lo creo. O al menos, espero que no sea así. Y si fuese el caso, espero escapar y resolver este acertijo de mil niveles antes de que me atrape. Estoy muy, muy cerca de la salida. Esperadme ahí afuera sólo un poquito más. Sólo un poquito más, de verdad. Ya casi está. Ya casi he salido. Intuyo el calor de la luz del sol a la vuelta de una o dos esquinas, aunque los pasos que estoy escuchando vienen tras de mí, y ahora han comenzado a trotar, vienen a la carrera y se acercan mucho...)
Alberto López Aroca



rouletabille dijo
Quedan más que aceptadas sus disculpas, pero sinceramente no tiene porque darlas. La calidad de sus obras deja más que aclarado su talento. Soy paciente y no me importa en absoluto tener que esperar ni voy a prejuzgarlo. Su labor por mi parte no se pondrá en entredicho en ningún momento. Hasta creo que esas circunstancias y su comentario han hecho que conocer parte de ese enredado proceso lo haga más que interesante, sea cual sea el resultado final. Monsieur tiene todo mi apoyo incondicional y espero que encuentre esa luz que nos deslumbre a más de uno al final de ese laberinto que debe ser a estas alturas más que emocionante.
15 Agosto 2011 | 01:16 PM